Nos dice el director general de la Guardia Civil que la idea de usar drones para controlar el perímetro queda descartada por problemas técnicos. Fue una de sus valoraciones destacadas en la comparecencia ofrecida el pasado miércoles para hablar del control de fronteras. Una valoración necesaria para que oficialmente se descarte una idea que desde el principio constituyó un error además de causar desconcierto entre los que conocen la frontera y saben perfectamente cuáles son las claves para controlarla.
La idea de los drones fue el anuncio sorpresa tras dos entradas consecutivas de inmigrantes en un febrero que puso en evidencia que algo no estaba funcionando bien. Se nos ‘vendió’ lo del dron como forma de que los ciudadanos interpretáramos que se estaban estudiando alternativas cuando lo cierto es que se estaba ante un caso claro de vacío en la colaboración de Marruecos. Eso sin contar la nefasta gestión que se estaba llevando a cabo en un perímetro controlado únicamente por cinco guardias civiles porque se tenía a los GRS ordenando filas en la playa. Esa situación no solo se produjo un día sino que se repitió en la segunda entrada de inmigrantes ocurrida en 48 horas. Se puso en evidencia un mal control a pie de terreno que se pretendía ‘tapar’ con propuestas tan irrisorias que el propio PP las había descartado en el Congreso al ser propuestas por los socialistas. Una auténtica locura eso de apostar ahora por lo que antes se desterró; una locura solo movida por la necesidad de ‘vender’ imagen y tapar una ineficacia de la que habían sido conscientes los guardias civiles desde el principio. Pero eso mejor no nos lo cuentan, para eso están los meses de supuesto trabajo en los despachos que terminan en lo esperado.





