Más que nunca, el sacramento de la Eucaristía fue la fiesta de los fieles. En esta ocasión, toda Ceuta se unió en festejo a un sentido tributo al vicario que ha tenido la ciudad durante los últimos 15 años. No faltaron las representaciones institucionales, con el presidente Juan Vivas a la cabeza, que estuvo acompañado de la consejera de Presidencia y Gobernación, Yolanda Bel, la consejera de Educación, Cultura y Mujer, Mabel Deu. Igualmente, no quisieron faltar familiares y fieles de la comunidad de la Bajadilla de Algeciras, así como representantes de las cofradías y de las confesiones religiosas de la ciudad.
Es precisamente esta coexistencia de varias religiones la que hizo merecer una reseña del vicario Correro ayer, minutos antes del inicio de la celebración eucarística. “Es un don. Tener cuatro religiones en Ceuta con una amplia comunidad de fieles es una bendición. Pero también un trabajo complicado. Es una cuestión de respeto y diálogo diario. Día a día”.Acerca del día a día se expresó Correro al referirse a los cambios presentados en Ceuta desde que llegó a Ceuta, hace 15 años ya. “Uno no nota los cambios. Pero Ceuta ha cambiado para mejor en estos últimos años”.
La misa de ayer fue una conmemoración en la que el recogimiento y la oración centraban los fastos, aparte de las bodas de plata. Se oró por las vocaciones. Y por el vicario. “Es grato que recen por el alma de uno”, manifestó. Pero lo más grato es comprobar cómo se comprueba que hasta el hijo má´s pródigo merece una fiesta de bienvenida tras haber abandonado con soberbia el rebaño. “Nuestra obligación es ser consecuentes con la fe que profesamos. Tenemos que ser exigentes con nuestros valores. Aunque sea duro. Porque amar y perdonar no siempre es fácil”, concluyó.
Una breve reseña biográfica
Francisco Correro, vicario de Ceuta, es natural de Los Barrios (Cádiz). De entrada, quiso agradecer las muestras de cariño recibidas con motivo de la celebración de sus bodas de plata y la cálida acogida de los ceutíes durante estos últimos 15 años. Correo se ordenó sacerdote el 6 de julio de 1986, en Salamanca. Seguidamente fue destinado a Sanlúcar de Barrameda, donde divulgó la Buena Nueva con las religiosas calasancias. Luego pasó nueve años en Algeciras de párroco en Santa María de Micaela, en la barriada de La Bajadilla, de donde vino una representación para acompañar a su querido Curro. Posteriormente, Ceuta ha sido su último y único destino. Hasta hoy.





