Reclaman iluminación y vigilancia policial porque “a diario” lidian contra los “cacos y maleantes sin ayuda alguna”
La decena de comerciantes de la céntrica calle Solís ha perdido ya la paciencia. El viernes varios de ellos tuvieron que salir corriendo detrás de un individuo que no dejaba de pasear de manera sospechosa esperando la hora de cierre para introducirse en una tienda de perfumería y “al vernos actitud de ir a por él echó a correr”, explican indignados.
La dependienta guarda tras el mostrador un palo “porque al menos así puedo defenderme, pero no es normal venir a trabajar ya con miedo”, explica junto a varios compañeros de la calle que sienten “que más que comerciantes somos vigilantes y creemos que esa función deben desarrollarla las fuerzas de seguridad que apenas se las ve por aquí nada más que para poner multas”. Están ya “muy cansados de pedir atención durante mucho tiempo” y ven “que la situación es ya insostenible y se debe poner remedio”. La solución es muy sencilla a su juicio: “Que no pasen con la moto o el coche sino que la Policía realice varias rondas a pie y observe lo que nosotros observamos cada día y así los ladrones se atemorizarán y nos dejarán tranquilos”. Pero ya lo de los robos “es casi lo de menos. Hoy día nunca se sabe y por menos de nada te pegan un navajazo y se van tan anchos”.
Aseguran que “vienen a tiro hecho y cada vez hay más marroquíes e indocumentados que nos vigilan e intentan delinquir con total impunidad”. No entienden “este abandono porque pagamos los mismos impuestos, estamos muy cerca de la calle Real pero con los servicios muy por debajo”, aseguran después de dirigirse a los responsables, enviar escritos y obtener la callada por respuesta.
Otra de las soluciones, además de la de realizar patrullas, es la de poner “los puntos de luz que son necesarios en la calle ya que tan sólo tenemos uno y hasta los propios clientes tienen miedo de meterse en esta boca del lobo cuando es de noche”, explican. Son sus propios halógenos los que iluminan las aceras y no creen “que pidamos algo del otro mundo cuando tan sólo hay que darse un paseo por esta calle al anochecer y comprobar lo que estamos diciendo”. Aseguran que no les importa que “hayan colocado unos árboles de 200 euros cada uno si ni siquiera tenemos luces” y que se sienten como “los hermanos pobres del centro”.






