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Los asentistas del abasto de Ceuta en el siglo XVIII

Uno de los principales problemas que padeció Ceuta a lo largo de su historia, fue el de su abastecimiento. Para paliar esta dificultad se creó la Junta de Abastos, de la que tenemos noticias desde 1713, pero que no es hasta 1763, cuando obtenemos datos con los que trabajar en la recuperación de su historia.
La Junta de Abastos se convirtió con el tiempo en el principal instrumento de poder de Ceuta, superando inclusive a la Junta de la Ciudad, especie de organización pre municipal. Hasta tal punto llegó a ser importante que para algunos historiadores ambas Juntas eran la misma; siendo de menor entidad otras a las que podemos sin embargo considerar a priori como más importantes, tal como la Junta de Fortificaciones. Y es que la Junta de Abasto, compuesta en su mayor parte por militares durante el siglo XVIII, era no solo un arma de poder en manos de quien la dirigiera, sino que también permitía múltiples negocios legales y no tan legales.
El sistema de abastecimiento partía de una reglamentación basada en el asiento, fórmula mayoritaria en la administración de la edad moderna. Por asiento se abastecía al ejército, tanto de géneros alimenticios como de vestuario, se cobraban los impuestos, se hacían los negocios trasatlánticos y hasta se gestionaban los hospitales públicos.
En el caso de las Plazas norteafricanas, y en concreto en el de Ceuta, este sistema se aplicó ya desde el siglo XVII como ha estudiado Carmen Sanz Ayan y adquirió notable auge en el siglo XVIII. Se mantuvo así hasta la centralización del sistema de abastos militares que en los años centrales del siglo XIX se hacía ya por subastas de géneros que llevaba a cabo el Ministerio de la Guerra.
Eran pues los asentistas gente de dinero, asentados en diversos puertos del litoral peninsular y, en el caso de los que abastecían Ceuta, preferentemente en el litoral andaluz. El sistema consistía en que el factor transfería una cantidad de su propio patrimonio en compras de una serie de productos para luego recibir el importe de esta operación conforme los remitía a Ceuta. En muchas ocasiones el asiento incluía el pago de los sueldos de los funcionarios militares y civiles de la ciudad. El beneficio para los asentistas consistía en una comisión que oscilaba entre el cuatro y el nueve por ciento del valor del producto asentado. La Junta de Abastos siempre se mostró reacia a gratificar este trabajo con un sueldo, sin embargo en fechas anteriores a 1781 algunos factores lo tuvieron, aunque se tratara de detalles aislados y en absoluto de una costumbre. El sistema no prosperó y en aquel entonces se volvió al sistema de comisión.
Algunos de los asentistas que negociaban con Ceuta constituían empresas de gran envergadura, como la de los Cinco Gremios Mayores de Madrid, pero en otras ocasiones se trataba de pequeños comerciantes que arriesgaban su dinero en este negocio, sobre todo cuando se producía un retraso en el pago de las compras remitidas a Ceuta. Por ejemplo a uno de los factores, Antonio Goyena, se le debía en 1770, 70.693 reales; y a otro, Gregorio Vázquez, 74.438. Para evitarse estos “disgustos”, algunos exigían un dinero a cuenta para después actualizar el finiquito una vez comprobadas los balances por la intervención. Este retraso en el abono de la venta de género era, al fin y al cabo, una forma de aplazar el pago cuando la Junta se encontraba con dificultades de liquidez.
Entre los factores que abastecieron a Ceuta en estas fechas podemos destacar a José Antonio Yzarduy, que además ejercía como contador de rentas en Málaga; la casa Manescó y Compañía, formada por Francisco Manescó Tisón y Juan Labordeta. Bajo la dirección de los cinco Gremios de Madrid, estaban Juan Campos y Carlos Salas, también asentados en Málaga.
Los encargados de abastecer a Ceuta desde Sevilla eran Gregorio Vázquez, Teodoro Gutiérrez, la empresa Goyeneche-Urrutia y Compañía y Diego Wiserman.
La familia Vázquez también ostentó la representación del abasto ceutí en Algeciras, a quien seguiría Juan Bellido y Francisco de la Puente. Este último actuaría también desde Estepona.
En Cádiz fue el ya citado Antonio Goyena el factor que cubrió el abasto de trigo y aguardiente de Ceuta desde 1767 hasta 1798.
Otros factores de menor entidad comercial fueron Atanasio Escobar en Estepona, Manuel de las Heras en Marbella, Julio de Lara desde Gibraltar, Tomás Vague y Beneli en Valencia y Francisco Llampades en Mallorca.
Los cónsules españoles en las ciudades del norte de Marruecos (Tetuán, Larache y Tánger) también contribuyeron al abastecimiento de Ceuta, destacando en estas fechas el cónsul Jorge Patisiati.
Desde 1792, junto a estos agentes, y entre ellos también, surge la figura del comisionado. Eran aquellas personas a las que se les encargaban expresamente la compra de algunos de los géneros. Unos eran vecinos de las ciudades dónde abundaban el género demandado y otros eran ceutíes que viajaban a la Península en busca de algún tipo de producto para el abasto.
Entre los ceutíes que se dedicaron en los años finales del siglo XVIII a este menester encontramos a Antonio del Toro, a quien en 1793 se le encarga pase a San Roque y manifieste a aquel Comandante General en nombre de la misma Junta lo escasa que se halla de dicho renglón de primera necesidad (se refiere al trigo), para conseguir dos o tres mil fanegas.
Pero quien en realidad llevaría a cabo pingües negocios con las comisiones fue el alférez agregado al Estado Mayor, Santiago Fortúm, quien en 1795 solicitó una comisión por su gestión en la compra de aceite que rozaba la corrupción. Entre otras cosas demandaba 2.800 reales por los 35 días de navegación en el transporte del aceite desde su lugar de embarque a Ceuta, 960 reales en gratificaciones que había tenido que dar a diversas personas y 2.210 reales por la merma experimentada por el aceite calculada en 55 arrobas.
La Junta rechazó tal demanda argumentando para el primer caso que ya se le había abonado al patrón del barco el flete correspondiente; a la segunda de las peticiones de Fortúm se le respondió que ya iban incluidas en el dos y medio por ciento de su comisión y a la tercera de las peticiones, esto es a los 2.210 reales por la merma del genero, que tenía entendida la Junta por experiencia, que este género tiene más bien aumento que falta.
Como parece que es el sino de la humanidad en cuestiones de negocios, aunque afectara a las necesidades básicas de las personas, siempre había alguien que sacaba beneficios del asunto.

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