Carta al director

Cortar una carretera no puede convertirse en castigar un barrio

Hay decisiones que demuestran una preocupante desconexión entre quienes gobiernan y quienes sufren las consecuencias de sus decisiones. El cierre del acceso a la zona de Arcos Quebrados es una de ellas.

No estamos hablando simplemente del corte de una carretera. Estamos hablando de una medida que ha condenado a cientos de vecinos de Príncipe Felipe, Arcos Quebrados y zonas cercanas a dar un rodeo absurdo cada vez que quieren volver a sus casas.

Donde antes bastaba con salir por la rotonda y acceder directamente al barrio, ahora los conductores están obligados a subir hasta el Hospital Universitario, cambiar de sentido y regresar por el mismo recorrido para llegar al mismo punto. Más kilómetros, más tiempo perdido, más combustible, más contaminación y más tráfico. Todo por una decisión que parece haberse tomado sin valorar su impacto real.

Lo más grave no es el corte en sí. Lo verdaderamente inaceptable es que se haya ejecutado sin ofrecer una alternativa razonable. Una administración responsable no puede cerrar un acceso principal y limitarse a trasladar el problema a los vecinos. Gobernar exige prever las consecuencias de cada decisión, no improvisar a costa de la ciudadanía.

Si existen motivos de seguridad, obras o cualquier otra causa que justifique el cierre, nadie discute que haya que actuar. Lo que sí resulta inadmisible es que la única solución sea obligar a miles de desplazamientos diarios a soportar un recorrido innecesario mientras quienes tomaron la decisión no padecen sus efectos.

Da la impresión de que, una vez más, los barrios más alejados del centro son los grandes olvidados. Se decide desde un despacho, pero son los vecinos quienes pagan el precio cada mañana y cada tarde.

Ceuta no puede permitirse una planificación improvisada ni decisiones que complican la vida de quienes ya soportan suficientes dificultades. Antes de cerrar un acceso de esta importancia era una obligación estudiar alternativas, dialogar con los vecinos y buscar una solución que minimizara el perjuicio.

Porque gobernar no consiste en poner obstáculos, sino en resolver problemas. No consiste en hacer que la vida de los ciudadanos sea más difícil, sino más fácil.

Los vecinos de Príncipe Felipe, Arcos Quebrados y del resto de zonas afectadas no piden privilegios. Exigen algo mucho más sencillo: sentido común, planificación y respeto. Y, sobre todo, que quienes toman las decisiones recuerden que detrás de cada corte de carretera hay miles de personas que solo quieren llegar a casa sin tener que recorrer kilómetros de más por culpa de una mala gestión.

Un hijo de la periferia

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