Cambiar la historia se ha convertido en uno de los deportes favoritos de los políticos llamados “correctos”, cuando no andan embutiéndose en la enorme vanidad de juzgar con nuestro actual esquema de valores, lo que aconteció en el pasado, y todo ello con el único propósito de ganar votos, justificando la sinvergüencería de sus políticas interesadamente diferenciadoras.
No conozco ni un solo “hombre de estado” que se haya dedicado al revisionismo, o a la interpretación de hechos históricos. Los verdaderos políticos, los que siempre nos han convenido, de los que hay pocos, de los que más necesitamos ahora, están preocupados por el presente y futuro de sus políticas, no por justificar lo que hicieron nuestros antepasados, ni mucho menos se dedican a desmitificarlos.
Todas las sociedades necesitan de mitos que vertebren su identidad. España es una nación antigua, fuerte y real, que ha basado sus mitos en acontecimientos históricos que forjaron nuestra identidad. Desde Quinto Sertrorio, Numancia, Pompeyo, Pelayo, El Cid hasta nuestros días, España posee una identidad claramente definida por hechos, y por eso la negación de esta identidad choca con un problema particular, es que no basta con calificar los hechos como mitos, también se ha de promover la negación y el olvido de la verdad histórica.
La batalla de Las Navas de Tolosa, cuyo 800 aniversario acabamos de conmemorar, es un acontecimiento histórico real, que es recordada sin interrupción en España y fuera de ella celebrando, que gracias a la victoria de la alianza de los reinos cristianos, y a la derrota infligida a los almohades, los valores de occidente perviven en nuestra sociedad. Claudio Sánchez de Albornoz emparejó a España con una inquebrantable opción por lo cristiano, lo europeo y lo occidental, de la que esta batalla es una muestra.
Del mismo modo que en 1415 la batalla que libraron los portugueses por Ceuta, dio paso a la actual Ceuta, española y europea, donde actualmente convivimos en paz y armonía sin tener en cuenta nuestra condición religiosa.
Hay quien pretende ver esto como una afrenta a la religión de los almohades, algo que en su tiempo si lo fue, pero debemos reconocer que aquellos hombres que lucharon por nuestra actual España, lo hicieron para que prevalecieran los valores de occidente, que son los que ahora nos permiten coexistir en libertad, independientemente de la religión que profesamos.
Negar lo que sucedió, o falsificarlo, como ha hecho la Junta de Andalucía que hasta ha financiado actividades que lamentan la derrota almohade, es dar un paso más hacia la destrucción de la identidad Española. Negar que la conquista por parte de los portugueses de nuestra ciudad, trajo prosperidad y la definición de una idiosincrasia de la que debemos estar orgullosos, es negar a la actual Ceuta.
Por supuesto que toda batalla es atroz, pero no conmemoramos el dolor humano que estas produjeron, sino los enormes frutos que estas dieron.
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