Los partidos empiezan a echar la carne en el asador. No queda otra. Y así, al margen de las visitas rutinarias de las que nos informan a base de paseos por barriadas y encuentros con colectivos, anuncian el desembarco de pesos pesados de las respectivas formaciones.
El PP, como se esperaba, nos adelanta no la visita sino el regreso de su líder Feijóo. Un líder de partido que no llega a cuajar en una formación que sigue buscando su hueco. El ciudadano de a pie, a estas alturas, aún no sabe realmente en qué ámbito se mueven los populares cuando insisten en ese anhelo por ‘venderse’ de centro pero no rechazan continuar con los flirteos con partidos tan radicales como Vox.
Así es el PP navegando siempre a dos aguas por si acaso, buscando rascar votos de uno y otro lado sin que sepamos muy bien de qué pie cojean. Llega temporada de promesas, llega periodo de desembarco de autoridades y el momento de digerir todo lo que nos echen. Ya saben. Es lo que toca.
El líder popular, al que ahora dicen en Ainara que siempre apoyaron, volverá a mostrar el respaldo que hace bien poco escenificó con el líder perpetuo de los populares ceutíes. Un líder perpetuo que bien haría en perfilar su campaña adecuadamente huyendo de encuestas enlatadas y de meteduras de pata como las que estamos viendo en estas últimas semanas cuando ni siquiera la lucha electoral ha comenzado.
Tiempo al tiempo, con estos mimbres no se llega ni a la vuelta de la esquina, más aún cuando en el PP salen al combate con un lastre importante: demostrar que tras 20 años aún se puede ofrecer algo distinto.






