Fíjense cómo es la condición humana que hay tortas por saltarse los protocolos y llevarse la vacuna milagrosa antes que nadie. Los despreciables salen a la luz en casos así, en casos en donde no importa la vida de los demás sino la de uno mismo. Y por una vacuna, pues matan. Lo hacen en sentido figurado, pero lo hacen, importándoles que los que realmente deben ser vacunados los primeros aún no hayan recibido la dosis inicial. Desde todos los ámbitos se está solicitando la publicación de las listas de los despreciables vacunados. En Ceuta, también. El descontrol en la manera de organizar su dispensa lleva a que estemos conociendo, ya a diario, dimisiones de los que se adelantaron a lo que se debía hacer. En Ceuta, como siempre, todo es cuestión de Estado. Y si pides datos de vacunados pues... o no te responden, o te sacan la ley de protección de datos, o simplemente te ignoran. No esperen mucho, porque no lo van a conseguir. Así como nos vendieron hasta el hartazgo la llegada de las vacunas, con el dispositivo policial de escolta y el helicóptero militar descargándolas... no leerán ni una sola línea sobre la identidad de los listos que ya están vacunados. Y llegado el momento en que tengan esa lista, no confíen en ella. Con el Estrecho de por medio, aquí todo nos llega descafeinado.
La lectura de todo esto la deberían saber ya de memoria. Hay despreciables a los que nada importa, que solo miran por ellos y que, sabiéndose con cierto margen de poder, son capaces hasta de vacunarse sin corresponderle. El chanchullo de las vacunas no es más que la continuación de la saga de los sinvergüenzas con poder, esos que colocan a quien quieren en puestos disfrazados como ‘de confianza’, benefician a los amigos que siempre tienen la gran suerte de ser los elegidos o apuestan por el caballo que, fíjense, siempre es el ganador. Es ley de vida, de la mala vida producto de quienes han adaptado el sistema a sus beneficios y, por tanto, hacen lo que quieren: hasta ponerse la vacuna antes que un sanitario de primera línea, una anciana o alguien de grupo de riesgo. No pasa nada. Nosotros, simples testigos de la situación, somos marionetas para un poder que hace lo que quiere con nosotros y sigue explotando una condición humana que los convierte en despreciables. Y de esos, de muchos, estamos rodeados. Por eso cada día quiero más a mi perro.
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