Opinión

El lío de la numeración de edificios

El pasado miércoles, mientras echaba un primer vistazo a los titulares de “El Faro”, leí –verdaderamente horrorizado- que el gobierno de la Ciudad se proponía actualizar la numeración del callejero local. Cuando profundicé en la noticia, supe que todo se debía a una bienintencionada propuesta del diputado socialista en la Asamblea José María Más, quien, entre otros extremos, aludió al hecho de que existen calles donde se produce una dualidad de numeración en edificios distintos, con las consiguientes molestias para sus habitantes. Y tanto que hay problemas. Lo sé porque los estoy viviendo y sufriendo directamente, como ya tuve ocasión de exponer con anterioridad en otra colaboración. Hace ya siete u ocho años, una mano misteriosa pintó en la fachada del inmueble en el que resido, un cabalístico número 53, distinto al 63 que sigue figurando, en cerámica y sobre su puerta de entrada desde que fue construido, allá por el año 1943, con el cual su propietaria, la Mutua de Ceuta,, precisamente porque fue el número que le otorgó en aquel entonces el Ayuntamiento, lo inscribió al declarar la obra nueva en el Registro de la Propiedad, textualmente: “con los números de gobierno 63 de la calle Falange Española” (hoy, y antes, calle Real) y 1 de González Besada”, pues tiene también fachada a dicha calle.. Aquella misteriosa pintada, supongo que realizada “manu municipali”, ha creado a los vecinos del inmueble una serie considerable de confusiones y líos, máxime cuando ese 63 le ha sido adjudicado a otro edificio de nueva planta, construido frente al mercado de Real 90. Cartas que no llegan, recepción, en los buzones, de otras que no son para esta casa, dificultades para explicar a repartidores de pedidos dónde tienen que traerlos, diferencias entre los domicilios fiscales y DNIs, todo ello ante lo que ahora parece haberse convertido en una triste realidad. Como muestra, me permito relatar una de las negativas consecuencias que ese cambio de número, ni siquiera comunicado previa o posteriormente a la entidad propietaria del edificio y a sus inquilinos. En diciembre del pasado año me fue otorgada por el Ministerio de Justicia una condecoración.. Pues bien, la carta del citado Ministerio en la que se incluía el documento oficial por el que se me comunicaba dicha distinción, remitida al nº 63 de la calle Real en los primeros días de diciembre de 2016, debe andar perdida por el espacio, pues ni ha llegado a mi poder ni ha sido devuelta al citado Ministerio, el cual ha tenido que repetir dicho documento y enviarlo de nuevo en el mes de febrero, es decir, dos meses después, a mi nombre y con la dirección “nº 53, ex 63”. Al menos, ésta sí la he recibido. Y es que ante la clara evidencia de que no recibía algunos envíos postales, tuve que ponerme en contacto con el Jefe de Distribución de Correos en Ceuta, para rogarle que se tuviesen en cuenta los problemas que está produciendo ese cambio de numeración y esa adjudicación del número de siempre del edificio en que vivo a otro recién construido. A su vez, la Mutua está preparando un letrero, a colocar en la fachada, con la inscripción “Edificio Cesma”, con la finalidad de lograr que los remitentes puedan ponerlo en los sobres y así hacer más visible el lugar en el que residimos sus inquilinos. De cuanto está sucediendo he sacado una conclusión desmoralizadora. Antes, una carta en la que pusiera mi nombre y apellidos y, como dirección, simplemente Ceuta, me llegaba sin la menor duda. Más de una vez lo pude comprobar. La buena gente de esta ciudad me conocía. Ahora, simplemente por un cambio de número, estoy convencido de que no la recibiría. Como decían los romanos, “sic transit gloria mundi”. Lo expuesto ha traído a mi memoria algo que se contaba como cierto hace bastantes años en los mentideros caballas. Según se decía, una carta remitida desde otro lugar a persona tan popular y apreciada como fue José Antonio González López (bastante más conocido como Pepe Remigio) figurando en el sobre solamente las palabras “Pepe Remigio, España”, le había llegado puntualmente. No me extrañaría que tal episodio fuese real. Volviendo al tema, lo de la “renumeración”, o como quiera que se denomine la solución que se piense dar al problema expuesto por José María Más, sigue produciéndome fundados temores, porque ya sería el colmo que, con tal motivo, acabaran poniendo al edificio en que vivo otro número distinto del 63 o del 53. Una locura. Por lo que sé, éste u otros problemas similares están afectando a bastantes más personas. Con lo fácil que hubiera sido, y que sería, respetar los números de siempre.

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