“Precepto dictado por la autoridad competente, en que se manda o prohíbe algo en consonancia con la justicia y para el bien de los gobernados”, así define la RAE el concepto de LEY.
En Democracia, las leyes son promulgadas por parlamentarios elegidos por el pueblo que, desde sus respectivos foros (Senado, Congresos y similares), dictan las normas que nos rigen a todos.
Dicho de otra forma, diputados y senadores legislan [supuestamente] para el mejor y mayor interés de los ciudadanos… como, por ejemplo, aprobar una ley para proteger a hombres lobos y a brujas, tal y como ocurre en Argentina. Es el otro lado de una LEX que arroja muy poca LUX a la sociedad.
Pero como este AQ es “Versión Veneris dies”, vamos a intentar, con sonrisa de viernes, arrojar algo de claridad sobre este tema. Agárrense fuerte que se aproximan curvas legales.
Como hemos citado antes, en 1974 se aprueba en Argentina la Ley Nacional 20.843, llamada de “Padrinazgo Presidencial”. Esta norma legal, impulsada por Isabel Perón, hace que el presidente de Argentina se transforme automáticamente en el padrino del séptimo hijo, o hija, de cualquier familia.
Hasta aquí, un poco sorprendente, pero poco más. El tema se complica un poco más cuando se sabe que esta ley protege a hombres lobos y a brujas.
Nos explicamos.
La inmigración rusa a Argentina de principios del Siglo XX trae consigo una ola de bulos xenófobos. Seguro que le suena porque en nuestro país hay constancia de protestas porque que los migrantes se bañan en la playa argumentando un supuesto peligro de transmisión enfermedades en el agua. Volvamos a Argentina. Allí se propaga, en la primera década de 1900, que el séptimo hijo de una familia se transforma en licántropo en días de luna llena, y si es niña, obviamente en bruja, y esto conlleva el sacrificio sistemático de estos niños.
Para protegerse del asesinato, en 1907 una pareja de migrantes alemanes solicita del presidente que sea el padrino de su hijo. El máximo dignatario acepta y comienza la tradición.
En el año ’74 el parlamento vota la Ley de Padrinazgo Presidencial y transforma la costumbre en texto legal. Ya lo saben, en Argentina los supuestos hombres lobos y las supuestas brujas gozan de protección legal. Bien por ellos. La duda es si Milei es también séptimo hijo.
Pero hay más ejemplos de leyes anodinas, incluso absurdas. Veamos.
En Dubai está prohibido besarse en público y las muestras de afecto de parejas tampoco están permitidas. Si se trata de casados, pueden cogerse de la mano. Algo es algo. Ojo, la multa es cuantiosa.
En Texas está prohibido poseer más de 6 juguetes sexuales. Son considerados objetos obscenos y se les incluye en los “Delitos contra el orden público y la decencia”. Atención, se arriesga a dos años de cárcel y a una multa de 10.000 dólares. Eso sí, allí están permitidas todas las armas que quiera y de cualquier clase. En fin…
En China ya es oficial desde 2007: no se puede reencarnar en Buda. Si tiene alguna pretensión al respecto, el Departamento de Asuntos Religiosos chino es tajante, es que no. De Batman no dice nada, creemos.
En el Reino Unido no se puede morir en el Parlamento. ¿Por qué? Porque entonces hay que organizar un funeral de Estado, y eso cuesta mucho dinero. Si bien lo de morirse es algo que no suele avisar, en las islas, deben decir que “se hará lo que se pueda” como le contestó Rafael el Gallo a Unamuno, cuando el escritor y filósofo le dijo al torero que sólo le faltaba morir en la plaza para alcanzar la gloria.
Por cierto, al Parlamento británico también está prohibido entrar con una armadura. Está todo dicho.
En Londres no se puede subir a un taxi si tiene peste. Lepra tampoco, sospecho.
En la ciudad de York (Inglaterra) es legal poder asesinar a un escocés, siempre que esté en el interior de las murallas y armado de arco y flechas. Al menos le permiten llevar whisky, algo es algo.
El capítulo de Estados Unidos ya es para cum laude.
En el estado de Vermont (Nueva Inglaterra) las mujeres deben tener un permiso escrito para poder utilizar una dentadura postiza. Pues eso…
En Kentucky no se pueden llevar armas ocultas, pero sin entusiasmarnos, que esto no es una crisis de cordura: las de menos dos metros sí se pueden portar sin problema alguno. Glock 1 – Cañón antiaéreo Ø.
En Florida puede ser encarcelada si es mujer de estado civil soltera y salta en paracaídas en domingo. ¿Será para que ese día se dedique en exclusiva a hacerle tartas de arándanos a la familia?
En Alabama está prohibido vendarle los ojos a una persona mientras conduce. ¿Entonces, engrilletarlo sí?
En Michigan la ley lo deja claro: no se pueden tirar pulpos en las canchas de hielo durante una competición, puede ser encarcelado por ello. Las cosas congeladas…
En 1974, desaparece en Chicago una ley de 1876 que prohíbe pasear por la calle a las “personas deformes”, o con “un físico que produce rechazo”. Ni más ni menos.
En Nebraska uno se arriesga a la detención si su descendencia eructa en una ceremonia religiosa. Por lo visto, usted sí puede.
En Indonesia también se arriesga uno a la pena de decapitación por masturbarse. A eso se le llama perder la cabeza por placer.
En Francia no se le puede poner Napoleón a un cerdo. ¿Josefina, sí? Pero no es todo. Hasta 1975 es legal que un hombre asesine a su mujer cogida en un “flagrante delito de adulterio”. Y no es hasta el año 2013 que el congreso galo finiquita una ley por la que, desde 1800, las mujeres deben tener una autorización policial para llevar pantalón. Y tan contentos, oiga.
Pero bueno, en España tampoco estamos para presumir. Desde 1889 hasta 1975, la mujer no está autorizada a tener una cuenta bancaria, trabajar, viajar, firmar contratos o gestionar su propio patrimonio sin el permiso escrito del marido, o del padre si es soltera. Qué poco nos dura la memoria.
Y, para terminar, un serio toque de atención al alumnado: en Bangladesh puedes ir a prisión por copiar en un examen. Allí sí que son un tanto estrictos los profes.
Mi Mañica preferida siempre se mostró a favor de prohibir la imbecilidad. Por lo comprobado, su Proyecto No de Ley no ha recibido el apoyo deseado. La vida, mamá, la vida.
Una vez más, la reflexión es suya.






