Nuestro Campus universitario lleva poco tiempo funcionando. Apenas cinco años. Sin embargo, han sido suficientes para detectar las graves deficiencias en el diseño y rehabilitación del antiguo Cuartel del 54, o del teniente Ruiz.
Unas son menos graves. Puertas que abren al revés. Pizarras que son tapadas por la pantalla de proyección. Enchufes mal colocados. Aire acondicionado o calefactores que no funcionan. Otras son más graves. Se trata de las placas colocadas sobre el techo de los soportales para ocultar cableado, que se caen. He visto unas imágenes históricas de este acuartelamiento, de pocas fechas anteriores a que fuera abandonado por la Compañía de Ingenieros.
En los techos aludidos había una especie de bigas de madera, o algo parecido, que, decorativamente, eran muy adecuadas. Supongo que, si eran madera, estarían carcomidas. Y si eran metálicas, estarían corroídas por el salitre del mar.
La cuestión es que en la rehabilitación se optó por instalar una especie de falso techo, igual que se hace en muchas oficinas públicas. El problema es que estos soportales están al aire libre y los fuertes vientos de levante que normalmente hay en Ceuta les afectan mucho, pues allí soplan con más virulencia.
Hace unos meses, en la tercera planta, que está siendo ocupada por la UNED, se desprendieron varias chapas. Hubo que cortar el paso de los estudiantes y profesores, para evitar alguna desgracia personal. Cuando parecía que la avería se había solucionado, la pasada semana nos llegó un mail de la secretaría de la Facultad de Educación, Economía y Tecnología, una de las que ocupa parte del edificio, suspendiendo la actividad docente a consecuencia de los desprendimientos de otras placas, esta vez en plantas inferiores.
La rápida actuación de los bomberos y la del propio equipo decanal, de lo cual nos congratulamos, impidió accidentes indeseados. Suerte que estamos en época de exámenes y la asistencia del alumnado es menor. El Campus ha costado, según los últimos cálculos, unos 30 millones de euros, que aún se están pagando por aquel sistema “alemán” que alguien se inventó. En el mismo desarrollan su docencia dos Facultades de la Universidad de Granada, el Centro Universitario de la UNED y el Instituto de Idiomas de la Ciudad.
Es decir, que diariamente pasan por sus aulas e instalaciones, cientos de personas. La costosa inversión realizada por la Ciudad Autónoma de Ceuta, es la causa de que, por ejemplo, no se puedan financiar otras actividades académicas, como sí se hace en Melilla.
Por ejemplo, crear nuevas titulaciones, algunas muy demandadas, como fisioterapia, o desdoblar los grupos de la Facultad de Enfermería, para evitar una masificación de alumnos injusta e injustificada en los tiempos actuales, de más de 120 alumnos por clase. Cuando hay reuniones de negociación con el equipo rectoral de la Universidad de Granada, nuestros representantes insisten, una y otra vez, en la necesidad de crear un grupo de trabajo, en el que estén presentes todas las partes interesadas, para analizar las especificidades de Ceuta y estudiar la mejor forma de financiación y estabilización de su profesorado.
También se habla de las deficiencias estructurales y de otras problemáticas, que sería prolijo, e innecesario, referir en este artículo. La respuesta es siempre la misma, a saber, que están estudiando el tema. Pero las soluciones no llegan. Al menos, algunas de las más importantes. En los viajes que he realizado a otros países y ciudades, para asistir a congresos, o efectuar estancias académicas, he tenido la suerte de visitar magníficos edificios antiguos rehabilitados. Barracones de puertos. Antiguas fábricas. Mataderos. Del que mejores recuerdos tengo es de un antiguo barracón portuario, en San Francisco, reconvertido en una preciosa panadería artesana.
En todos he podido observar que había una característica común. Se mezclaba la obra nueva con la antigua, pero siempre, procurando resaltar, de alguna manera, elementos arquitectónicos o decorativos de lo antiguo, nunca ocultándolos. La solución a las placas que se nos caen encima debería ser, bajo mi punto de vista, arrancarlas todas y, en su caso, dejar las tuberías y cables a la vista, aunque colocados de una forma y con unos materiales que fuesen atractivos, estéticamente hablando.
Así hay muchas rehabilitaciones de edificios históricos. El objetivo debería ser evitar que algún desgraciado accidente causara algún perjuicio a alguna persona. El viernes 26 de febrero, se celebraba la festividad de Santo Tomás en nuestro Campus. Asistieron la señora Rectora y la señora Gerente de la Universidad de Granada. Tres días después, ocurría este incidente. Tres días después, el lunes 29 de febrero, se suspendía la actividad docente como medida preventiva.
Es lamentable que, ante la petición del representante del Comité de Empresa del profesorado del Campus de Ceuta en el último Consejo de Gobierno de la Universidad de Granada, en el sentido de que se adoptaran medidas para solucionar el problema, la señora rectora no se le ocurriera otra cosa que decir que no había podido tratarlo con él en su viaje a Ceuta, porque ambos no coincidieron. Quizás no se percató de que el día de su viaje a Ceuta, aún no habían llegado los fuertes vientos de levante al Campus.





