De todos es conocida la popular expresión “andar con pies de plomo”, que se aplica, según el diccionario, a aquellas situaciones en las que es conveniente “actuar con cuidado y cautela”. De un tiempo a esta parte, en nuestra ciudad se está imponiendo una variedad de la referida expresión, consistente en que es preciso “hablar con lengua de plomo” sobre ciertas materias, so pena de quedar sometidos a severas críticas y gravísimas acusaciones, hasta tal punto de correr el riesgo de ser condenados al ostracismo Aquí resulta preciso matizar al máximo, eludiendo cualquier tipo de generalización cuando se tratan temas que puedan afectar a determinado sector de la población.
El día que intervino en el Senado, Carolina Pérez incurrió sin duda en ese error, al pronunciar una frase en la que atribuía a todo un colectivo (como ahora se dice) defectos en los que incurre solamente una parte de sus integrantes. Y no es justo tomar una parte por el todo. Porque en Ceuta hay musulmanes que estudian o han estudiado con provecho; hay musulmanes que trabajan duro como autónomos o por cuenta ajena y hay musulmanes integrados, pero –triste es reconocerlo- es evidente que también hay lo contrario.
Consciente de su equivocación, Carolina Pérez pidió públicamente perdón y dimitió del cargo de Consejera que venía desempeñando, dejando así de pertenecer al Consejo de Gobierno, es decir, al órgano al que corresponde estatutariamente la dirección de la política de la Ciudad y el ejercicio de las funciones ejecutivas y administrativas que le competen.
Ahora, tras un proceso electoral en el cual se ha vuelto a refrendar el apoyo de la gran mayoría de los electores ceutíes al Presidente Juan Vivas y a su partido, Carolina Pérez ha sido nombrada Subdirectora General de Medio Ambiente, área en la que ya había demostrado su capacidad y entrega. Inmediatamente, el Grupo mayoritario de la oposición (cuatro Diputados –o tres y un Concejal- frente a los dieciocho del Grupo Popular) ha puesto el grito en el cielo. Y lo ha puesto sin utilizar esa aconsejable “lengua de plomo” antes aludida. Todo lo contrario, su actitud me ha traído a la memoria aquellas viejas películas del Oeste, cuando el jefe indio decía eso de “tú hablar con lengua de serpiente”. Lo han hecho zahiriendo tanto al Presidente Vivas y al PP por haber hecho ese nombramiento, como también a la propia Carolina Pérez, acudiendo a imputaciones de racismo, acusando a aquél de compartir supuestas ideas segregadoras, de no estar a favor de la convivencia y de considerar que parte de los habitantes de Ceuta está constituida por ciudadanos de segunda, y así hasta llevar el tema al paroxismo más disparatado, pues incluso han indicado que actitudes como la que critican pueden ayudar a la idea del exterminio de una parte de la población de Ceuta.
Desde los cargos que han ejercido, tanto Juan Vivas como la propia Carolina Pérez –que fue Consejera de Asuntos Sociales- han probado sobradamente su absoluta entrega a favor de la convivencia entre todos cuantos aquí vivimos. Jamás adoptaron actitudes racistas, sino todo lo contrario, y existen miles de ciudadanos de cualquier etnia o religión que pueden dar fe de ello. En cuanto al PP y a sus votantes –también tachados de racismo- baste decir que el Grupo Popular es el que mayor número de musulmanes –cuatro- aporta a la Asamblea, gracias a los votos de más de veinte mil electores ceutíes, precisamente esos a quienes se les viene acusando de ser racistas.
Carolina Pérez se pasó, por generalizar, cuando habló en el Senado. Pidió perdón y dimitió. Pero por aquel exceso ya no es Consejera, ni por tanto forma parte del Consejo de Gobierno de la Ciudad, y ni siquiera es Diputada en la Asamblea. Su designación para un cargo de tercera fila podrá discutirse, pero nadie negará sus aciertos, su dedicación y la experiencia que adquirió cuando tuvo a su cargo el área de medio ambiente.
Ella ha pagado su error, mientras que hay quienes, con la finalidad de sacar partido a una eventual y más que peligrosa división de la población, se permiten acusar de racismo a otros públicamente y sin el menor reparo, sin pararse a pensar que las actitudes racistas están contempladas como delictivas en el vigente Código Penal. Cuidado, amigos, que por ese camino de excesos verbales no solo es factible que se siembren odios, sino que, además, cabe que alguien llegue a ver en dicha postura la eventual existencia de indicios de calumnia. Por el bien de todos, por una convivencia en paz, serenemos los ánimos, por favor. Un poquito de “lengua de plomo” –y de “pluma de plomo” también- nunca viene mal.
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