La visita de la consejera de Educación y Cultura, Pilar Orozco, al colegio Ramón y Cajal nos ofrece la imagen de lo que nunca más debe volver a suceder. La dejadez de ambas administraciones llevó a que toda una comunidad educativa sufriera la pérdida de su centro, viéndose obligada a dejar esas paredes que constituían algo más que un espacio para dar y recibir clases.
Las obras realizadas terminarán en un colegio seguro al que podrán volver aquellos a los que se les arrebató su espacio, dejando la dura lección de las consecuencias de no hacer el trabajo ni cómo se debe ni cuando se debe.
La degradación de este y otros centros escolares se fue avisando, pero las dos administraciones, dentro de sus competencias, optaron por dormirse en los laureles hasta que recibieron el mazazo de un derrumbe que pudo haber terminado en tragedia y el cierre de unas paredes que albergaban vida.
Lo que sucedió en el ‘Ramón y Cajal’ puede extrapolarse a otras áreas. Cuando se pierde la atención en lo que se debe suceden estas cosas. La gestión es lo primero, como lo es la resolución de problemas, la atención a lo que verdaderamente preocupa a la gente. Esa es y debe ser la prioridad para cualquier político.
De las tortas uno aprende, en definitiva, la vida es eso, caerse una y otra vez para levantarse con mayor fuerza.
El cierre de este colegio supuso un mazazo del que deben aprender quienes se dedican a esto de la gestión pública. Sí, hay tiempo para todo, para los eventos sociales y para la gestión. El problema radica en si dejamos que la balanza se desequilibre como si nos importara bien poco y mirar hacia otro lado.






