Que todos los sindicatos del ramo educativo se pongan de acuerdo en contra de las directrices adoptadas por Cecilio Gómez debe tener una lectura. La debe tener para todos, pero en especial para el delegado del Gobierno, Nicolás Fernández Cucurull, quien deberá mover ficha en torno a lo que está sucediendo. Y esto no es otro que la imposición
de lecturas demasiado personalistas en decisiones que afectan a todos. Cuando una autoridad confunde sus inquinas personales con la forma en la que tiene que llevar una Dirección se tiende a causar perjuicios tan graves que su arreglo resulta ya complicado. Así, a las decisiones de cesar a directores de centros educativos se ha sumado la última de Gómez: vetar a uno de estos directores (el del Reina Sofía que fue defendido por los padres de alumnos y por la asociación de vecinos -tan mal no lo estaría haciendo-) a formar parte del equipo directivo, negándole la posibilidad de ser siquiera secretario del centro. La Junta de Personal ha tardado bien en poco en denunciar lo sucedido. El órgano educativo ha instado al delegado del Gobierno a que actúe de inmediato, ya que no puede mantener por más tiempo callado ante una serie de decisiones que no tienen más que una interpretación: se está actuando de manera tendenciosa, bordeando el derecho y adoptando resoluciones que van a terminar con protestas de toda índole. Si la educación ya se mueve por líneas rojas, peor aún van a seguir un sendero en el que en vez de actuarse con vistas a arreglar la situación solo se trabaja por lograr una mayor animadversión entre los grupos y un malestar creciente.





