Muchas veces el origen de un conflicto diplomático no se puede medir por la propia trascendencia del problema, sino impedir que otro país extranjero intente imponer sus razonamientos sin tener razón y por la fuerza de los hechos. Es lo que está sucediendo en el conflicto con los pescadores gibraltareños y aquí quien está provocando un estirar la cuerda de las relaciones con España es el nuevo primer ministro de la Roca, que sabe a la perfección que necesitan de nuestro país, pero que mientras más invoque el espíritu llanito, más defensa tendrá detrás de su política. Así ha llegado al poder y ha desplazado del mismo a un más que moderado Peter Caruana. Un primer ministro, que no deja de ser un alcalde de un pueblo de veinticinco mil habitantes, que provoca ese enfrentamiento entre Algeciras y la Línea y que lo maneja a la perfección. Y de mientras, el Gobierno de Gibraltar que utiliza lo de "pesqueros ceutíes" para justificar su hostigamiento de la otra noche, cuando veinticuatro horas después lo volvieron a repetir.
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