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Las caras de Guimaraes

Por Redacción
24/03/2011 - 22:43
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altAl tiempo de escribirse estas líneas la República de Portugal vive un momento difícil.

El primer ministro José Sócrates ha dimitido después de que el miércoles el Parlamento rechazase las medidas de ajuste presentadas por el Gobierno. La crisis política ahonda la económica, que quizás obligue a un rescate financiero por parte de la Unión Europea y el Fondo Monetario Internacional. Duro golpe para un país pequeño que lleva décadas sin lograr las cotas de desarrollo de sus socios comunitarios.
Pero Portugal no siempre fue una nación ‘periférica’. En el siglo XV los lusos globalizaron por primer vez el orbe con una epopeya ultramarina que empezó con la conquista de Ceuta en 1415 y se extendería hasta las tierras de Macao y Timor, tras circunnavegar medio mundo. Portugal fue el heraldo de la modernidad y abrió las puertas a los futuros imperios universales: España, Francia y Reino Unido.
La heroica historia portuguesa comenzó en buena medida en el Castillo de Guimaraes, a escasos 90 kilómetros de la actual frontera luso-gallega. La fortificación, una de las Siete Maravillas de Portugal, es conocida como ‘La Cuna de la Nación Portuguesa’. Fue construida en el siglo X y su historia se entrelaza con con la fundación del Condado Portucalense y las luchas por la no sujeción de Portugal a la Corona de Castilla.
Las tierras lusas se mantendrían independientes hasta que el español Felipe II se hizo con la corona portuguesa en 1580 tras unos problemas dinásticos que nacieron curiosamente del Norte de África, entrelazando una vez más estas tierras y aquellas. Nos referimos a la Batalla de Alcazarquivir que enfrentó el 4 de agosto de 1578 a las tropas marroquíes y portuguesas. En la liza murieron Sebastián I, rey de Portugal, y los sultanes de Marruecos Muhammad Al-Mutawakil y Abd el-Malik.
El gran desconcierto en el que quedó el país fue aprovechado por el sagaz monarca español para consumar la Unidad Ibérica que se mantendría hasta el desmembramiento imperial que vivió  España en la época del Conde-Duque de Olivares.
Pero volvamos a las casillas de salida: Guimaraes, cuna de Portugal, y Ceuta, punta de lanza de su Imperio. Ambas ciudades, además de por su papel histórico, están vinculadas por una curiosa estatua: ‘O homem das duas caras’ (‘El hombre de las dos caras’). La figura, esculpida en granito, representa a un guerrero que tiene un segundo rostro en el peto de su armadura y de ahí el apelativo.
Varias son las versiones que se manejan para explicar este bifrontismo. La más prosaica asegura que la estatua deja constancia a modo de burla de la supuesta doblez de los vimaranenses, que así se llaman los habitantes de Guimaraes. Naturalmente a los lugareños no les hace demasiada gracia esta explicación y, por el contrario, aseguran que las dos caras evocan antiguas gestas de sus antepasados.
Una de estas leyendas sitúa el origen de las dos caras en la Ceuta del siglo XV. Cuenta la tradición que el rey Juan I, temiendo el contraataque de los musulmanes, dividió la defensa de las murallas de la ciudad en dos partes, atribuyendo un frente (‘cara’) a las tropas de Guimaraes y otro a los de Barcelos, localidad lusa en el distrito de Braga.
Cuentan la leyenda que cuando los hombres de Barcelos avistaron al enemigo echaron a corre, dejando a los vimaranenses a su suerte. De tal suerte, los guerreros de Guimaraes se tuvieron que dividir entre los dos frentes (‘caras’) y combatieron como jabatos hasta repeler el ataque musulmán. Ceuta siguió bajo pabellón cristiano y los de Guimaraes erigieron una estatua con dos rostros para recordar al mundo su bravura.
Otra versión asegura que en la Batalla de Alcazarquivir el rey Sebastián salió huyendo junto al noble Baltazar Alcoforado quien al volver a Guimaraes ocultó su deshonra y fue recibido como un héroe. A su muerte la ciudad le dedicó una estatua que llevaba dos caras por sugerencia de su confesor el Padre Ignacio, el único que conocía su secreto.

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