Hoy visita nuestra ciudad el ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, en vísperas de que se cumple el primer mes de las trágicas quince muertes que se produjeron en aguas de Marruecos el pasado seis de febrero y veinticuatro horas después de la avalancha más importante que ha conocido Ceuta en su relación de casi veinticinco años con la inmigración. Es una visita oportuna y pone en primera línea a un ministro que está sabiendo gestionar esta crisis con acciones como su comparecencia a los pocos días de suceder los hechos ante la comisión de Interior del Congreso de los Diputados, la defensa que ha hecho de los miembros de la Guardia Civil y el cantarle las cuarenta a la comisaría de Interior de la Unión Europea. Es un político que tiene la cabeza bien amueblada y que sabe lo que tiene entre manos.
Por supuesto, que este desplazamiento es necesario porque supondrá un rearme moral para los agentes de la Guardia Civil que están sufriendo en sus carnes el vilipendio de algunos partidos políticos, algunas organizaciones no gubernamentales y algunos pensadores que les criminalizan como autores de esas muertes cuando la realidad dista mucho de ser así y se olvidan de los más de tres mil inmigrantes que han sido salvados por la Benemérita en el último año 2013. El mismo delegado del Gobierno, González Pérez, reconocía ayer que la actuación de la Guardia Civil, en colaboración con las fuerzas marroquíes, logrando impedir la entrada en Ceuta de estos mil quinientos subsaharianos puede suponer un antes y un después en su trabajo de guardianes de las fronteras exteriores de España y de la Unión Europea.
Pero de todas maneras, tampoco se puede cantar victoria, porque ayer se logró impedir esta avalancha masiva, pero nadie puede poner la mano en el fuego que pueda suceder lo mismo en los próximos días. ¿Y qué pasaría en una ciudad como Ceuta si en un momento determinado nos encontramos con quinientos o seiscientos inmigrantes más? Por supuesto, que hemos llegado a convivir con los tres mil inmigrantes que en su día llegaron a darse cita en Calamocarro, pero supone, desde luego, un trastorno en el devenir diario de los ciudadanos de esta tierra. Con una avalancha de este tipo se colapsaría la frontera, la entrada y salida de ciudadanos, las urgencias del Hospital, los propios servicios de la Comisaría y desde luego el mismo CETI.
Lo que si está claro es que Ceuta no puede ser, junto a Melilla, la frontera sur de la vergüenza de la Unión Europea, pero no por culpa de España, que tiene todos los medios que tiene a su alcance y que no puede invertir más de lo que ha hecho. Lo que no se puede consentir es ese comportamiento hipócrita por parte de la Unión Europea, cuya principal cabeza ha sido la comisaria de Interior, mirando hacia otro lado. Pero ahora tiene la pelota en su tejado y se la dejó muy bien colocada el ministro del Interior. Tiene la invitación para visitar Ceuta y Melilla y además una petición extraordinaria de cuarenta y cinco millones de euros en inversiones para ampliar los CETI y reforzar los perímetros fronterizos. Ahí la queremos ver ahora, para ver si de verdad se preocupa por las fronteras exteriores de la Unión Europea.
No podemos tampoco dejar en el tintero ese agradecimiento que presta Marruecos y del que ya hemos hablado en multitud de ocasiones, pero que en la jornada de ayer nuevamente se vio sobre el terreno con más de doscientos hombres codo con codo con los agentes de la Guardia Civil.
El ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, debe garantizar esa presión del Gobierno español hacia las instituciones comunitarias para que en Bruselas sientan, de verdad, que Ceuta y Melilla son sus fronteras exteriores.
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