Tiene razón el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, cuando dice que lo cierto es que al final el 1 de octubre no ha existido un referéndum de autodeterminación en Cataluña. La pantomima que ha montado la Generalitat es un verdadero disparate para cualquier estado democrático. Las urnas se escondían si llegaba la Policía, no había sobres para las papeletas, se podían llevar imprimidas desde casa, no había problemas para votar cuatro, cinco o veinte veces, no existía un censo, se podía votar en otro centro de escrutinio si lo deseaban. El camino que se ha establecido en Cataluña durante estos días han sido ordenado única y exclusivamente por el poder judicial, no por el poder político. La culpabilidad es del Govern y todo lo que pueda venir a partir de ahora serán ellos los responsables. Desde luego, aquí todo no se ha acabado, ya que tampoco nos extrañemos que dentro de unos días continúen con el juego y digan que declaran unilateralmente la independencia con otra pantomima de votación en el Parlamento autonómico. Se puede ser independentista, en una democracia es legítimo, pero los logros han de ir con la ley en la mano. Ahora es cuando desde la Administración central se debe tender la mano, es la hora del diálogo, después de la pantomima, pero el peso de la ley debe caer sobre quienes han sido los responsables.
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