El Gobierno anunció ayer un convenio con la empresa pública ACUAES para sellar el último y definitivo paso del ciclo integral del agua. Se ha hablado en muchas ocasiones de las inversiones que se han llevado a cabo en los últimos doce años, pero aunque es lógico mejorar las condiciones de vida de los ciudadanos, no es malo echar la vista atrás y ver cómo estaba Ceuta en el año 2001 en materia de recursos hídricos. Y el año 2001 no es hace tanto tiempo. Entonces, muchas viviendas de Ceuta no tenían agua nada más que hasta las tres de la tarde y el resto de la jornada debían servirse de los aljibes. La red de abastecimiento era tercermundista y con unas pérdidas totalmente inasumibles del sesenta por ciento. Y además, las aguas residuales terminaban volcándose en el mar, lo que conllevó una advertencia importante por parte de la Unión Europea. Pues bien, ahora mismo tenemos agua las veinticuatro horas del día en toda Ceuta; la red de abastecimiento es moderna y en la media de las ciudades españolas y con unas pérdidas no superiores al treinta por ciento; el consumo de agua se ha reducido hasta los veintiún mil metros cúbicos diarias a pesar del incremento de población; se garantiza ya el autoabastecimiento de agua sin depender del exterior con la ampliación de la desaladora que se está llevando a cabo y contamos con una Estación Depuradora de Aguas Residuales. Nada más que falta ese último paso, la construcción de la planta de tratamiento de fangos, que será asumida por el Ministerio de Agriculturas cofinanciado con la Ciudad Autónoma. El cambio ha sido espectacular. Y quien ha llevado la iniciativa en esta transformación ha sido el Gobierno del presidente Vivas. A buen seguro que habrá partidos de la oposición que buscarán flecos a estas acciones políticas y a los que igualmente les escocerá esta realidad. Pero está ahí y se puede demostrar aunque algunos piensen que no.





