Se acaba una etapa política donde muchas veces, demasiadas, las mayorías absolutas han actuado de forma caciquil y fanáticamente presidencialista, permitiendo y sosteniendo a presidentes que han manejado a su antojo, con buenas, o no tan buenas intenciones, todo el poder que las urnas depositaron en sus manos.
El penoso procesamiento judicial de Chávez y Griñán, recuerda un viacrucis donde van arrastrando sus penas de lo que fueron, en lugar de llevar con dignidad el peso de la culpabilidad ante los hechos más graves, por cuantiosos, de toda democracia occidental. Y la vergüenza nacional de Rita Barberá, quien otrora fuera adalid de los populares, haciendo caso fidedigno al conjuro infantil (Santa Rita, Rita…) para aferrarse con fuerza al cargo político. Flaco favor a los populares, flaco favor a la democracia, flaco favor a España, y flaco favor a ella misma.
Quienes a la más mínima insinuación deberían haber puesto el cargo a disposición, cerrando una brillante carrera de servicios, que pueden o no gustarnos, se han empecinado en demostrar que son inocentes de todo mal bajo sus mandatos, para así poder seguir en esto de la poltrona roja. Y no es que fuese justo lo que se les pide con clamor popular, es que es necesario y ejemplar (ya demasiado tarde), para los tiempos actuales.
Por querer acabar como don R que R, lo único que han conseguido es emponzoñar su trayectoria política, hundir más a los únicos partidos que se encuentran en situación de gobernar España, (aunque ya no tanto el PSOE), dar una pésima y manida imagen de aferramiento a los cargos políticos y privilegios judiciales, y hacer saltar a la palestra una y otra vez las fechorías que se cometieron bajo sus presidencias, quizá no por ellos, pero si con ellos como máximos responsables de la Administración Pública.
Como si los cuarenta años que llevan en política hubieran transcurrido en balde y pretendieran pasar impolutos e inmunes a las malas acciones y decisiones adoptadas en el entorno de estos elefantes blancos en las zonas más castigadas por la corrupción.No basta con serlo, ni con parecerlo. A todo esto hay que añadirle evitar que ocurran casos alrededor, con una sana y sensata política de nombramientos, y con un control férreo de todos los aspectos que afectan, tanto a la Administración Pública, como a la gestión socioeconómica del partido.
La utilización del Senado como atalaya para defenderse de la persecución legal de un sistema judicial es un pésimo ejemplo para cualquier ciudadano. Chávez, Griñán, y ahora Rita no están, o estuvieron, aforados por ser senadores, sino que es, o fueron, senadores para estar aforados. Hay una diferencia moral sustantiva.
Con estos procesamientos judiciales, estos máximos representantes de lo que ha sido el caciquismo en democracia, se van pataleando, armando una traca y con poca dignidad, que también les faltó a la hora de manejar el cargo, con la sensación de que a la fuerza ahorcan con cada una de los cargos que van soltando.
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