HNo queda más remedio que volver a hablar sobre esta solvencia financiera que tiene la Ciudad Autónoma con las entidades bancarias. Una situación, desde luego, que si se compara con otras Administraciones estamos en una posición más que cómoda. No es volver a tirar por el camino de la solicitud de créditos bancarios para financiar operaciones de inversión. Ahora mismo el propio Plan de Estabilidad así lo establece y el mismo gobierno autonómico se ha comprometido a ello. Pero, de todas maneras, ya se ha advertido que para el año 2017, con una deuda que estará ya por debajo del cincuenta por ciento de comienzos de la actual década se puede plantear esa posibilidad con unos topes adecuados. Y es que la fiabilidad de la Ciudad para los bancos, lo cual no es nada malo, es buena, porque resulta que ha sido siempre una administración que ha cumplido con sus obligaciones, tanto en la época de la expansión económica como en la época de las vacas flacas. Ha sido continuamente una prioridad.
Por tanto, ese dibujo que en el horizonte ahora mismo se diseñó en el último debate de Presupuestos no es una quimera, sino una realidad. Y además, siempre basándonos en unos parámetros de crecimiento nacional que estarían en unos conceptos muy conservadores.
Es una realidad palpable por más que a algunos no les guste, porque seguramente hubieran preferido otras circunstancias.





