Esta legislatura será recordada seguramente como la más dura de nuestra democracia. Ningún gobierno, ni siquiera el anterior, ha gestionado los intereses del país sometido a tanta tensión. Y pese a ello, sus ministros, como ayer le tocó a la de Fomento, Ana Pastor, siguen siendo sensibles y comprometidos con un territorio, como el de Ceuta, al que la crisis ha golpeado donde más duele al restringir la inversión en obra pública. Pero se han arrancado compromisos en el ámbito de la vivienda y de la planificación urbanística contándose con el apoyo del Estado a la hora de agilizar los cambios necesarios en el PGOU para atraer lo que más necesita Ceuta: inversiones, instauración de empresas que dejen dinero, infraestructuras que ayuden a hacer de la ciudad un lugar que atraiga dinero, que, en el fondo, es empleo. Dadas las actuales circunstancias económicas, cualquier compromiso es ya en sí mismo todo un triunfo y una muestra de que en Madrid se preocupan y mucho de la situación más allá del Estrecho. La protección es más que evidente.





