La de ayer fue una de las salidas más emotivas de las organizadas en el CETI. Y lo fue al estar protagonizada por familias: matrimonios con hijos pequeños y embarazadas, todas de origen argelino. Por fin les tocaba a ellos, por fin asomaba algo de luz a sus historias, marcadas por la incertidumbre de acumular meses y meses sin salidas.
En el grupo había una pareja con un niño de año y medio, otra con un bebé de solo meses, una que espera el nacimiento de su próximo hijo... A todos ellos acudieron a despedirles los trabajadores del CETI que durante este tiempo han trabajado con ellos y también el director, Ricardo Espíritu Navarro, que no falta a ninguna de estas despedidas aunque manteniéndose siempre en un segundo plano, alejado del foco informativo. Y ellos, los protagonistas, se lo agradecían con lo único que tienen, sus sonrisas.
Marchan a Madrid y en el camino dejan amigos, compatriotas que quedarán en el CETI esperando que les toque a ellos. En la península muchos tienen familia, hermanos o primos que les han esperado durante demasiado tiempo. Esta salida ayuda a rebajar la presión registrada en el centro de estancia temporal.
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