Nos situamos en noviembre de 2009. Un vídeo colgado en Internet sale a la luz pública gracias a una rueda de prensa ofrecida por el entonces ya secretario general de los socialistas, José Antonio Carracao. Había descubierto su watergate particular. El mismo afirmaba, son palabras textuales suyas: “el mayor escándalo de corrupción”, del que decía, “desconocemos su calibre”. Un vídeo grabado por una familia que se entrevistaba con el presidente Vivas tanto en la calle como en su despacho pidiéndole ayuda. Un vídeo que como luego reconocieron los protagonistas de la acción a este diario, entregaron en bruto al PSOE, en concreto al mismo José Antonio Carracao y a partir de ahí se olvidaron de él, asegurando que no tuvieron nada que ver ni con el montaje ni con su aparición en YouTube.
Luego, como si los demás fuéramos tontos, Carracao dijo que habían encontrado el vídeo en esa red y jamás desmintió las palabras de esta familia. Muchos han sido los rumores que han situado en la órbita socialista todo este episodio como un montaje para desprestigiar al presidente Vivas.
Pues bien, a partir de ahí se pusieron las oportunas demandas por parte de Juan Vivas tanto a quienes fueron los autores materiales de la grabación como al mismo secretario general del PSOE, José Antonio Carracao. Y ustedes se preguntarán a estas alturas qué sucedió con esa demanda que puso Vivas a Carracao en el Juzgado de lo Penal. Resulta que el entonces delegado del Gobierno, José Fernández Chacón, que mantenía con Vivas una amistad y colaboración que sobrepasaba desde luego las diferencias políticas y que tenía al líder socialista como asesor para que tuviera un sueldo, le pidió por favor que retirara la querella. Y Vivas le dio su palabra y así lo cumplió.
La moraleja: las maneras distintas de entender la política. Una manera que tiene Juan Jesús Vivas y otra muy distinta el propio José Antonio Carracao. Si ha traicionado a compañeros de partido, cómo no lo va a hacer con Vivas.






