Tienen ganas de descansar. Son más de cuatrocientos militares rusos que echan de menos su madre patria y, sobre todo, han tenido que sobrevivir cinco meses sin cerveza mientras aseguraban las aguas internacionales contra los piratas somalíes.
Por eso el domingo por la tarde Dimitri y Yuri, un capitán de segunda y un oficial, buscan raudos una terraza en la que probar el preciado zumo (fermentado) de cebada. “”Five months with no beer!”, exclaman mientras contemplan los botellines que acaban de comprar en el bar.
Sus uniformes azul marino y sus gorros blancos les aseguran no pasar desapercibidos. “El barco permanecerá hasta el martes, y viene a repostar y a por avituallamiento. Es algo normal, tenemos unos veinte cada día; aunque es cierto que llaman la atención al bajar a tierra con sus uniformes”, explica José Torrado, presidente de la Autoridad Portuaria.
Desde que hace cinco meses salieran de un puerto en Omán, estos militares han patrullado las aguas internacionales en busca de piratas. Una labor que, según cuentan estos dos oficiales, no ha tenido grandes sobresaltos. En un inglés un poco atropellado, cuentan que sólo se toparon con un bote de piratas, que no con un barco, y que no hubo muertos. Insisten en ello, que no hubo muertos.
Han tenido el lujo de navegar a bordo de un barco llamado ‘Admiral Chabanenko’. Según anotan en inglés en un papel, se trata de un “barco anti-submarinos”.
Además, y consultando las hemerotecas, se puede descubrir que se trata de un barco terminado de construir en 1999, el único en todo el mundo de su modelo, y el primer buque ruso que cruzó el Canal de Panamá desde el fin de la II Guerra Mundial. Permanecerá en Ceuta hasta el martes por la mañana.








