A Miguel Flores, Capullo de Jerez, probablemente el payo más respetado entre los guardianes de la pureza del jondo, parece que los ojos se le salen de las órbitas cuando canta porque pone el alma en lo que hace, pero es todo muy natural, porque él no es “de esos” que “ensayan y preparan”.
Ha acuñado un sello propio, con su forma de separar desmesuradamente las comisuras de boca y ojos, como abriendo ventanas “a lo que le corre por dentro”, y con su soniquete roto, “como se rompe la vida cuando se vive.”
–Como una figura con arraigo dentro del flamenco, sobre todo por lo que le caracteriza y le diferencia. ¿Qué es para usted ese arte?
–Es un arte adquirido en lo más profundo de mi tierra, en Jerez, donde siempre he estado rodeado de artistas , y esas raíces son con las que me he criado y he crecido. Me he criado en el barrio de Santiago en un patio de vecinos, en el que cantar y bailar con el ‘Tío Borrico’ o ‘La Paquera’, era como decirse buenos días.
–¿Cuáles son sus fuentes de inspiración?
–Mi principal fuente de inspiración es la naturaleza, la vida misma. Es ese sufrir. Para sacar los temas hay que trabajar mucho y estar en contacto con los grandes monstruos como ‘Terremoto’, ‘Chocolate’, ‘Mairena’ o ‘Camarón’.
–¿Cuál es el cantaor que más le ha marcado?
–Quien más me ha llegado siempre ha sido ‘Terremoto’, pues nos hemos criado y crecido juntos y me ha marcado. Aunque yo me he apoyado siempre en los cracks, como ya te comento, todos los que han sido mi inspiración, es la escuela que me ha influido.
–Dice que a usted la fama no le importa, que sólo canta para comer.
–Por supuesto, yo canto porque me sale, porque es lo único que sé hacer. Le canto a la naturaleza. Yo no creo en el amor ni creo en la fama, porque todo tiene fin. El amor es la vida, empieza y acaba.
–Usted no es de esos que ensayan y preparan.
–Yo nunca, ni en un escenario ni en el estudio. Llego e improviso, y canto lo que me sale. No sé cómo canto, no calculo nunca lo que voy a hacer, salgo y le digo al guitarrista, ‘venga toca’, y empiezo a cantar. Ni ensayo ni hago tantas cosas como hacen otros. Cuando llego al estudio me planto delante del micro y canto y lo que sale es lo que se graba.
–¿Qué piensa del panorama flamenco actual, le gusta lo que va surgiendo?
–Hay muchachitos que lo están haciendo bien, pero antes se cantaba de otra forma, había una saga de cantaores de película, y yo creo que eso no voy a volver a verlo.
–¿Se está perdiendo la afición por el flamenco?
–Sí, se está perdiendo un poquito, la gente ya no va a ver música, la tele nos está comiendo. La pantalla está matando a la música, toda la mafia que hay ahí metida está generando un producto que va a ir acabando con ella. Por eso le digo que yo no quiero la fama, yo me quedo con mi música, mi salud y mi pedazo de pan.
–¿A quién veremos hoy sobre el escenario, que se van a encontrar los ceutíes?
–Un artista que cuando se suba al escenario les entregaré mi corazón y mi alma, y sentiré los corazones de los demás.






