Categorías: Opinión

La oportunidad perdida

La idea de poner en marcha un albergue social en Hadú partía de una necesidad que, de forma cada vez más sangrante, se pone en evidencia en la ciudad. Aquella idea quedó desvirtuada cuando, ya contra las cuerdas, la Ciudad tuvo que sacar deprisa y corriendo a los menores del centro del Hacho.

Después de años perdiendo el tiempo, después de advertencias y ante la amenaza de una sanción, se sacaron a los menores de La Esperanza y se buscó la solución para ‘salir del paso’, provocando un problema aún mayor. Porque lo tenemos.
No se trata de que la institución ‘mantenga’ alquileres, ni incremente los presupuestos de corte social, ni que firme convenios para dar con mayor rapidez las ayudas de primera necesidad. No se trata de eso. Se trata de algo más. Se trata de disponer de una infraestructura para que nadie duerma en la calle, para que esas personas sin techo que convertimos de forma egoísta en nuestros invisibles tengan un lugar en el que dormir, comer e incluso intentar una rehabilitación social.
Que ahora no me salgan los tozudos de turno diciendo que no, que en Ceuta no tenemos de ‘esos’. Claro que los tenemos, esta no es la Perla a la que tanto aluden en los discursos, esta también es la ciudad de las luces y las sombras, de los enfermos que, sin familia, deambulan por las calles o duermen en rincones. Son esos hombres y mujeres que un día perdieron la estabilidad mental y se vieron atrapados en un mundo de realidades virtuales, de miedos, de inseguridades y que, sin apoyo de sus familias, se dedican a ir de calle en calle a veces pidiendo dinero, otras solo haciendo garabatos en papeles o quedándose sentados viendo pasar las jornadas sin darles sentido.
Un albergue social hubiera satisfecho esa necesidad, además de haber servido para atender una bolsa social cada vez mayor. Haber destinado el albergue a otra función fue un error. Lo fue en su día y lo sigue siendo hoy, porque para parchear una problemática cuyo único culpable fue la dejación (no se hizo un centro cuando se tuvo dinero) se ocasionó otro vacío mayor.
Ahora llega la Navidad, se inician campañas benéficas, se recogen alimentos... y se sigue sin dar una solución a los invisibles. Por cierto, mañana usted puede ser uno de ellos. Solo falta que se quiebre la línea, nada más.

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