Europa olvida sus fronteras sur, las que dibujan el blindaje de las ciudades hermanas, las que son encomendadas a una vigilancia, las que acogen historias dramáticas con una importante carga de improvisación. La olvidada Frontera Sur termina siendo noticia en todo el país cuando cientos de jóvenes se encaraman a sus vallas, poniendo en alerta a todas las fuerzas de seguridad y políticas. Es entonces cuando la frontera olvidada hace sonar las alertas en Madrid y, de rebote, en Europa vuelven a recordar que existimos. De nuevo la figura más esperpéntica de la irresponsabilidad preñada de olvido cobra forma en este escenario de polvo, agentes con palos, cabras sueltas por el campo, lanzamiento de piedras, jóvenes colgados de alambres y una Guardia Civil en primera línea como fuerza no actuante hasta que la clase política diga que se actúe. Y eso convendrá según el momento, según el temor, según las ocurrencias. De eso dependerá de que uno o decenas de hombres entren en España o sean rechazados en medio de unas prácticas de devolución puestas en cuarentena, que siguen siendo criticadas y cuestionadas por entidades y por las propias normativas europeas. La Europa que olvida, la incapacitada para reaccionar, la que perdió su frontera. Sur.





