Éramos niños. Todo era distinto. Los sueños formaban parte de nuestra vida. Esos sueños que se hacían más fuertes en la noche de Reyes. No sé ustedes, pero yo desde el verano ya estaba pensando en qué pedir. Después ellos traían lo que querían. Generalmente lo que hoy conocemos como 'marcas blancas', es decir, la misma muñeca o los mismos vaquericos y cocinitas que en vez de ser los que salían en los anuncios eran algo similar. Luego el tiempo te ofrecía la oportuna explicación, económica por supuesto, de por qué los regalos solían tener esa variante.
Esas noches de sueños, de nervios, de relojes que no avanzaban dieron paso a nuestra realidad adulta, que no es ningún sueño ni tiene pinta de serlo. Esa magia ha dado paso a unos años que se nos echan encima amenazando con escribir una historia de la que puede que no terminemos estando orgullosos. Nosotros somos los responsables de una vida llena de grietas por donde se pierden los valores, la autenticidad y el orgullo para dar paso a unos vicios que nos enfrentan, nos animan a marcar diferencias, nos convierten en un mal ejemplo de todo lo que viene enlatado en los mensajes navideños: paz, amor, amistad... hasta el día 7, en el que todo cambia.
Quizá éramos más felices recibiendo presentes de 'marcas blancas' que compitiendo en un mundo en el que pasas más tiempo enviando mensajes colectivos de felicitación que deseándolos como tal. Hasta en eso vamos a peor, ya ni mandamos un 'wasa' personalizado sino que enviamos el mismo en cadena a todos los que tenemos en la agenda de teléfonos. De las decenas que, por ejemplo, he recibido estas fiestas solo un puñado venían con mi nombre incluido y algún dato que lo hacía merecedor de haber sido escrito realmente para mí. ¿No les ha pasado?
Yo llevo años sin soñar en la noche previa a los Reyes. Dejé de hacerlo cuando supe dar respuesta a por qué los magos de Oriente tenían preferencias en sus destinatarios. Hoy cada vez sueño menos, ni esa noche supuestamente mágica ni las que la acompañan. Serían sueños imposibles para una sociedad demasiado dura. Una sociedad de mentiras que este 2019 nos hará un gran regalo con el desembarco electoral, con los programas de los piratas que se pelean por un Caribe que ya ni lo es. Si cualquiera de ellos hubiera hecho un 5% de sus promesas ni siquiera nos estaríamos planteando un futuro entre tinieblas.
Esos piratas vienen a camelarnos. A los que ya conocemos sabemos los límites que marcan a sus mensajes. Pero llegan otros nuevos que sustentan su palabrería en el absurdo, en el odio, en las generalizaciones, en el racismo, en el menosprecio a la mujer, en la diferenciación de clases... se han nutrido de una sociedad rota, que no ve más allá, que parece incapaz de discernir.
Soñar es gratis. Hoy ya ni eso. Hacerlo puede estar castigado. En esas estamos ya. Felices Reyes.
Mientras Málaga celebra estos días su feria, Antonio Banderas ha querido acordarse de Ceuta en…
Las horas previas al choque entre la AD Ceuta y la UD Las Palmas han…
El presidente de la Ciudad, Juan Vivas, ha continuado este sábado con la ronda de…
El delegado del Gobierno en Ceuta, Miguel Ángel Pérez Triano, se ha reunido con Cristóbal…
El Ministerio de Sanidad prepara el suministro de vacunas para los inmigrantes asentados en Ceuta…
El Chiringuito Spoon, ubicado en la playa de la Ribera, se encuentra entre los negocios…