Que todos los sindicatos unidos hayan decidido darle plante al director de la cárcel en la festividad de la Patrona dice mucho. Es el reflejo de cómo están las cosas en esta institución. No es nada nuevo, con la dirección al frente de Los Rosales siempre se estuvo mal, antes y ahora. Resulta complicado negociar o debatir con quien parece estar dirigiendo más un grupo rociero que a un equipo de funcionarios de un área tan sensible como la de prisiones. Así que la de ayer pasará a la historia como la celebración de la (no) Merced. Pudo pasar por ser un acto de despedida a un compañero de promoción, pudo entenderse como uno de estos eventos institucionales que carecen del sentido original... pudo tener todas las lecturas que ustedes quieran darle, todas menos la suya.
Salvando las felicitaciones al personal, no hubo nada que celebrar. De hecho, si se analiza el discurso oficial, ni tan siquiera hubo menciones a temas que interesan, mucho menos al traslado a la nueva cárcel, esa obra faraónica que terminó absorbiendo todas las partidas presupuestarias para convertirse en un engendro que inauguraremos para servir de cobijo a una población reclusa extra.
Las reivindicaciones sindicales quedaron reducidas a los comunicados oficiales, no hubo siquiera atención a las reclamaciones que tienen los funcionarios que son las claves para que el aparato funcione como debe y no terminemos con una prisión en la que puede producirse de todo menos lo que debe.
La falta de talante y el oscurantismo han definido el mandato del director que quiso colocar el PP para transformar la cárcel en un centro alejado de los medios de comunicación, separado de cualquier medida reivindicativa, ajeno a las protestas que buscaban soluciones. Eso es lo que quiere el Gobierno, cerrar aquellas áreas que deben estar más abiertas que ninguna para que se pueda informar con libertad y denunciar lo que sucede en la vieja prisión de Los Rosales, atender las denuncias de quienes allí trabajan, saber por qué resulta imposible pasar unos muros para comprobar cómo detrás de las rejas se ha montado un virtual cortijo en el que han olvidado hasta a la propia Merced. Lamentable.





