Cultura había programado para hoy la actuación de Kiko Veneno en el auditorio del Siete Colinas. Finalmente la Ciudad canceló a última hora de ayer su actuación. ‘El Faro’ entrevistó a Kiko Veneno, un hombre que representa el optimismo hecho música. Más de 35 años en la carretera con su guitarra le avalan como el poeta de la cotidianidad, de lo urbano, de lo divino y de lo terrenal.
–Su último trabajo se llama ‘Dice la gente’, pero ¿qué es lo que dice esa gente de la que usted habla?
–Ahora la gente habla de muchas cosas. Durante la época de este esplendor económico que hemos tenido se ha demostrado que era bastante flatulento. Entonces lo que estaba en la boca de la gente era el dinero. La gente en esta época de falsedad no parecía que tuviera muchas cosas que decir. Se dedicaban a gastar y a consumir. Ahora la crisis nos muestra una fotografía diferente que recoge la parte más interesante, quizá, de las personas humanas. Intentamos analizar qué es lo que ha pasado, si la economía que practicamos es sostenible e incluso si los políticos que tenemos son necesarios o reemplazables. En definitiva, darle un poco de valor a las cosas. Esta es la parte positiva de la crisis. Por eso digo que ahora mismo la gente está diciendo muchísimas cosas. Los mismos que nos han metido en este fregado están intentando adoctrinarnos para que esperemos soluciones de ellos. Aunque, a pesar de todo, es verdad que se nota más participación y más ideas porque la gente está pensando y debatiendo un poco más.
–¿Qué aprendió usted de Camarón de la Isla?
–La grandeza y la humildad. Él me enseñó que ambas cosas no están reñidas, sino que se dan la mano en una sola cosa.
–¿Es cierto que ‘Dice la gente’ viene de una expresión que usaba Camarón?
–No, no, tampoco es así. Es verdad que es una frase muy flamenca y muy andaluza y es cierto que Camarón la usaba y que le cantaba una soleá en sus primeros discos, pero no deja de ser una frase típica. Yo la he usado porque me cuadraba para la canción más importante del disco (la homónima), que fue con la que construí el discurso en torno al que puede girar el disco. Empecé un poco con la lista de las cosas que nos podían matar que es algo así como: “Nos matará el camión, nos matará el café, nos matará la droga, nos matará tal vez”. Esto es como un soniquete que recoge un poco el habla y el pensamiento popular.
–Ese concepto está muy ligado a su forma de hacer música porque usted siempre utiliza lo que tiene alrededor para componer. ¿Hay que aprender a valorar más lo que tenemos cerca?
–Sí, claro. Si las cosas que tenemos alrededor son buenas hay que dejarse llevar por ellas. En cambio, si las cosas de nuestro entorno son malas hay que llevarlas a tu terreno, analizarlas e intentar luchar contra ellas y, si es posible, cambiarlas. Hay cosas que no me gustan. Por ejemplo, desde un punto de vista económico se está identificando el progreso con consumir una serie de materias primas irremplazables. No nos damos cuenta de que todas esas cosas son limitadas. Estamos hipotecando el futuro de la humanidad, pero nos parece positivo porque nos han metido por la cabeza unas ideas que nos hacen pensar que no está mal gastar unos recursos limitados. A la gente se nos trata como a bultos y obedecemos consignas a ciegas. No podemos seguir creciendo ilimitadamente.
–Usted es el rey de la música optimista pero hoy tiene un discurso distinto. ¿Por qué?
–La música es otra cosa y no tiene nada que ver con eso. Siempre he sido un activista político, un antisistema y siempre he intentado descubrir y denunciar la gran mentira organizada del poder, de la mafia, de los bancos. Por otro lado están nuestras vidas. Ahí es donde podemos tener control, donde nos reímos, nos divertimos y nos queremos. Ahí es donde podemos tener la música. ¡Y que no me la toquen! En la vida está el cariño de la gente, los días de playa y nuestros desayunos, que es todo lo que importa de verdad. Esto es lo poquito que nos queda y con ello tenemos que ir a muerte.
–Volviendo al disco. En el mismo se incluye una versión libre del tema de Leonard Cohen ‘The bird on the wire’ que usted ha traducido literalmente (‘El pájaro en el cable’)...
–Es una canción que yo conocía desde hace tiempo y siempre me ha gustado recordar un poco la música de mi tiempo. Grupos como los Beatles y Bob Dylan. Leonard Cohen también estaba ahí y siempre fue un artista porque el que sentí una admiración tremenda. Yo me aprendí unas pocas de todas aquellas canciones y lo normal era que yo metiera en mis actuaciones algo de rumba y entonces hacía versiones de todos ellos por rumbas. Recuerdo que hice el ‘Memphis blues’ por rumbas mucho más adelante, porque todo esto lo hacía yo cuando empezaba a tocar la guitarra. Entonces también tenía una versión de ‘The bird on the wire’ de Cohen y, aunque ha sido ahora cuando la he sacado, ya la tenía yo desde hace algún tiempo.
–El número 249 de la revista Litoral se titula ‘El rock español. Poesía e imagen’ y su figura tiene bastante protagonismo porque hablan de usted como un artista innovador con aires americanos. ¿Qué hay de cierto en ello?
–Cuando yo estuve en Estados Unidos no era músico, aunque sí me empapé muchísimo de la música americana. Debo admitir que ya era devoto de esta música antes de ir allí y me encantaban artistas como Jimi Hendrix, The Doors, The Allman Brothers y Stevie Wonder. Lo más importante que yo traje de allí fue que a mi vuelta me identifiqué más con el flamenco y comencé a perseguirlo sin descanso.
–Ahora que lo dice, ¿qué es para usted el flamenco?
–Es un arte muy grande, musical y teatral con una importancia tremenda. Está compuesto por una sencillez, una seriedad y una profundidad increíbles. Es un arte popular como el blues y como el rock&roll que sigue en evolución, que está dando sus nuevos frutos y se está adaptando a los nuevos tiempos. El flamenco está ofreciendo sonidos diferentes cada día, aunque ahora mismo está un poco parado en el tema del cante. Yo creo que pronto vendrán nuevas generaciones de cantaores que lo renovarán. Es un arte que traspasa todas las fronteras.
–¿Qué le parece que hayan nombrado el flamenco Patrimonio de la Humanidad?
–Mal, muy mal. Eso me suena a panteón. Al flamenco no hay que darle ninguna protección porque está muy vivo. Cuando se insiste desde los organismos oficiales en forzar esa protección me da mucho miedo porque veo que es un reconocimiento o certificado oficial de que la cosa está mal. Aunque hubiera algo de eso no creo que vayan a ser los organismos ni las medallas las que vayan a salvar nada.
–Precisamente le acaban de entregar a usted la Medalla de Oro al mérito en las Bellas Artes...
–Sí, y la recibí con el mismo canguelo. (Risas). Hombre, también tiene una parte positiva y será el tiempo el que dejará ver si la parte negativa es superior a la positiva o no. Por mi espíritu crítico y rebelde lo primero que pensé fue en esa sensación de incomodidad que te produce el hecho de que te den un reconocimiento unas instituciones como el Estado y el Gobierno cuando no crees mucho en ellas. Yo tengo 58 años y ahora me van a dar lo que no me han dado en toda la vida. Ese apoyo y los medios que necesitaba para haber hecho más arte y para haber involucrado a más gente cuando empezaba. Pero bueno, hay que ser positivos y yo intento quedarme con la parte buena de recibir este reconocimiento a este trabajo. Lo acojo con mucha alegría, orgullo y creo que me lo he currado.
–Kiko Veneno siempre ha sido relacionado con la palabra fusión. ¿Qué significa ese término para usted?
–La palabra fusión viene de mezclar una cosa con otra. Es un término utilizado como etiqueta comercial y que no sirve para nada. La música en sí misma es fusión. El flamenco, desde ‘La Niña de los Peines’ y mucho antes, ya era fusión. Por lo tanto, a mí no me cuadra nada el término fusión aplicado a la música. Se puede decir que la música es una cadena de evolución. Es un lenguaje de la humanidad en el que están todos los contactos y todos los viajes de las civilizaciones. La música, por su propia naturaleza evolutiva, es fusión. Por tanto, aquellas personas que digan que una música u otra es fusión no tienen ni idea de lo que está hablando. Seamos claros, este término está ligado a la necesidad de etiquetar. La gente que amamos la música somos felices y estamos satisfechos con la complejidad de la propia música. No nos hacen falta las etiquetas. Hay músicas que yo no sé que son, pero que me encantan porque tienen detalles y cosas que me llaman la atención, música en la que veo influencias. Yo no tengo la necesidad de etiquetar la música.
–Su disco tiene un pequeño aire de música africana. Teniendo en cuenta que usted siempre ha sido considerado un artista de rock, ¿en qué se parecen ambas músicas?
–La música africana es la más ancestral que tenemos. Es la más antigua, la más sencilla, donde están los compases de dos por cuatro y tres por cuatro, que son los básicos de la música. Particularmente a mí me interesa mucho la música de Mali y la de Alí Farka Touré, que es precursora del blues americano y del flamenco. Hay que tener en cuenta que en Mali estuvieron los almohades, que estuvieron en la península durante la dominación musulmana y por tanto existe una especie de nexo cultural. La música de Mali es muy austera, muy sencilla, pero que me emociona tremendamente. Todo ello es un detalle del poder que tiene la música que te permite viajar, aprender influencias de otros ambientes. Demuestra esa capacidad que tiene la música para transportarte a lugares que no conoces, que es algo muy importante.
–En una entrevista reciente comentaba, en relación con la difusión masiva, que “la música ha perdido su carácter especial”. ¿Se gana una cosa y se pierde otra?
–Difusión masiva quiere decir que la música está en los supermercados, en los ascensores y en los ordenadores, pero claro, con mala calidad. La música que yo idolatré en los 60 y 70 no era eso. La música era meterte en un cuarto con un amigo, poner un tocadiscos y unos altavoces de madera enormes y comenzar a vivir un momento único. Aquello era un deleite. Ahora todo esto se ha banalizado. A base de poner en todos lados la música ésta ha perdido toda su riqueza, su importancia, su magia. Se ha vuelto algo muy rutinario.
–Antes del concierto que ofreció en Málaga (Sala Vivero - 7 de enero) comentaba usted un poco en broma que había un proyecto ‘fallido’ de versiones de Bob Dylan con Javier Ojeda (ex-Danza Invisible). Sería muy interesante que se hiciera. ¿Por qué no se puede?
–Bueno, todos los días surgen proyectos. Son proyectos que aparecen en la mente y en la intimidad. Lo que ocurrió fue que me encontré con Javier, le pregunté y estuvimos hablando sobre unas versiones de Bob Dylan. Lo cierto es que lo encontré muy interesante, pero se trató simplemente de una conversación entre ambos. El problema es que no nos lo paga nadie. Si cualquier caja de ahorros de esas que tienen cientos de millones de euros endeudados en inmobiliarias y demás nos lo pagara nosotros estaríamos muy dispuestos a hacerlo. Con medio piso de esos que tienen embargados nosotros haríamos dos o tres discos. Javier canta muy bien, tiene una de las voces más privilegiadas de los cantaores andaluces y encima atesora un talento enorme. Sería muy interesante y bonito, pero desgraciadamente no es posible. A ver si esto lo lee alguien de una caja de ahorros de Ceuta y se anima a financiarnos el disco, que sería genial porque es promover la cultura.
–En un encuentro digital organizado por ‘El Mundo’ en el año 2001 decía usted que “Internet es un intento de la gente por ser libre que será aplastado por el sistema”. ¿Ha llegado ya ese momento con la Ley Sinde?
–Nosotros intentamos respirar, sacar nuestra vida hacia adelante, ser felices, pero claro, nos topamos con el sistema que sólo permite la vida para los mafiosos, los mangantes y los crápulas del poder. Nosotros tenemos que buscarnos la vida y enfrentarnos al sistema. Internet es una herramienta de entretenimiento y de comunicación extraordinaria, pero que paradójicamente estamos desperdiciando. Internet se puede usar para el Twiter, fortalecer nuestro ego, pasar el día entero delante de un ordenador y perder nuestro tiempo, pero también se le puede dar un uso positivo. La comunicación no es una cosa que tú te sientas delante de un aparato y te la dan. El arte, la cultura y la información no consisten en sentarse en algún lado y que te la den, es todo lo contrario. Hay que ir a buscarlos. Con esto sólo quiero decir que las herramientas, como Internet, siempre se pueden utilizar en las dos direcciones: consumir lo que nos digan o dar, preguntar, incordiar, querer saber y desentrañar la verdad de lo que está pasando en el mundo. Es paradójico que un sistema tan poderoso y que podría utilizarse para mejorar la condición humana se esté quedando en el mero entretenimiento. Está en nuestras manos utilizarlo bien. El medio en sí no nos va a liberar de nada. Somos nosotros los que tenemos que llevar el medio al terreno que nos interesa a todos para poder aprovecharlo mejor.
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