Levantarse con el pie izquierdo? Puede que sea una expresión que venga como un guante en ciertas ocasiones; en esos momentos en los que uno piensa que hubiese sido mejor quedarse en cama todo el día, porque según avanzan las agujas de ese reloj que van marcando tus horas, todo va saliendo mal. Y si encima se te cruza un gato negro, acabas con “los pelos de escarpia” y tocando madera. Pero claro, no deja de ser más que una superstición, o al menos eso es lo que pretendemos creer. Pero no señores, no ha sido sólo una sensación, realmente ha sido un mal día. Ver la sonrisa vencedora en una cara que esconde muerte tras años de daño a tantas personas inocentes; asesinatos indiscriminados cometidos por criminales sin escrúpulos. Rostro impávido y ojos expresando resentimiento, mientras observábamos esas imágenes televisivas en las que un ser sin alma es puesto en libertad sin miramientos, en un intervalo de tan solo 24 horas después de recibir la sentencia del Tribunal de Estrasburgo.
Después de lo visto estos días, con varias excarcelaciones y las que quedan pendientes, entre asesinos, violadores, pederastas y demás elementos que jamás serán reinsertados en la sociedad, por mucho que nuestras leyes se empeñen en ello, estos repugnantes criminales, jamás serán devueltos a la sociedad en igual de condiciones porque nunca se han arrepentido de sus actos, ni nunca lo harán. Son lo que son y jamás cambiarán, y nuestra sociedad está en peligro.
No podemos pretender autoconvencernos de que esto no es más que una concatenación de infortunios, o de haber tenido un mal día. ¡Lo siento, me niego en rotundo a creerlo! Y menos aún cuando nuestro actual Gobierno ya conocía el sentido que podría tener el fallo judicial de Estrasburgo desde junio de 2012 ¿Por qué no se ha hecho nada en casi un año y medio? Eso sí, ahora todos, derechas, izquierdas, los de antes y los de ahora, todos quieren ser los primeros en demostrar solidaridad con el dolor de las víctimas, pero mientras dejan que esas penosas y patéticas almas negras se alimenten de nuevo con el sufrimiento ajeno, que puedan volver a matar, que puedan volver a violar, que puedan volver a seguir sembrando de terror nuestro supuesto Estado del Derecho. ¿Derechos Humanos? Un Tribunal que representa estos Derechos toma la decisión de dejar en libertad a los asesinos que se han pasado esos Derechos Humanos por donde han querido. Esto no es más que la Ley del cinismo político.
Ahora nos dirán que se seguirá luchando para que no se produzcan más excarcelaciones, para que las víctimas dejen de ser humilladas. ¡Pero ya lo han sido! Nos dirán que seguirán luchando para que nuestro ordenamiento jurídico pueda cubrir ese hueco legal que ha dejado y dejará libre a más de 70 verdugos, y nos repetirán que la venganza y el rencor no son el camino. ¡Pero ya no hay perdón, no hay palabras en las que se pueda creer! ¿Y los padres de las niñas de Alcacer? ¿Y los familiares de los asesinados en Hipercor? ¿Y esos militares, guardias civiles y policías muertos en acto de servicio por fusiladores de los derechos humanos? ¿Dónde están esos cuerpos mutilados por bombas lapas en coches? ¿Y los padres de Marta del Castillo, de Mª Luz Cortes, de Sandra Palo, y otros más, donde estás sus derechos?
Lo miremos como lo miremos esto lo que provoca es indignación, rabia, frustración, y hasta odio, ya no solo por los años soportados creyendo en la justicia, sino por la ignominia a la que han sido sometidos estos días y el recuerdo de esa sonrisa victoriosa por televisión. ¡Qué asco, qué impotencia! Por mucho que digan “el tiempo no cura nada, no cura heridas, no cura dolor, solo nos hace acostumbrarnos a la idea de que ya no hay remedio, que lo pasado no puede volver, pero que todos juntos podemos cambiar las cosas”. Esa idea es la que hemos alimentado durante tanto tiempo, y ahora la pregunta es ¿para qué?





