Los cruceristas del ‘Aurora’ desembarcaron en una ciudad por conocer. Una ciudad con encanto, sobre la que Servicios Turísticos informa con detalle, puntualizando aquellas paradas obligadas para cualquier visitante.
Entre ellas la joya patrimonial: las Murallas Reales. Pero quien desembarcaba en Ceuta se topaba con un Bien de Interés Cultural plagado de camiones y de aparatajes dispuestos para el concierto de Pablo López que terminaban por asfixiar a un emblema patrimonial sobre el que la Ciudad Autónoma no termina de ser clara.
No lo es, al menos, al permitir que siga habiendo aparcamientos o se celebren eventos masivos que pudieran trasladarse a otras explanadas al fin de proteger, como se debe, este conjunto histórico. Pero no. Nada se hace.
Los turistas podían intentar admirar este BIC sorteado por aparatajes de todo tipo, algo impensable en otros bienes tenidos como joyas en otras ciudades del país. En redes sociales la crítica no se hizo esperar.
No son lógicos los usos desvirtuados que se dan a las Murallas ni las consecuencias que pueden tener en cuanto a las agresiones que sufre la joya deslucida porque nada se hace de forma institucional por impedirlo. La imagen que se habrán llevado los visitantes del ‘Aurora’ será la que nunca, por vergüenza, debiera ser permitida.









Y que más da si en esta ciudad solo hay catetos que lo único que les importa es que haya aparcamientos para el coche.
Esta es una ciudad que no cuida del patrimonio: el fortin del sarchal, la sirena, el fortin de San Amaro etc.
Las Murallas Reales no se caen porque Dios no quiere: los cañones están oxidados, los carteles rotos o se han borrado las letras, la parte de atrás son un nido de infecciones o el aparcamiento de coches de la comisaria.
Y luego el foso siempre lleno de mierda, con muchas piedras caidas.
Pero lo peor es el espigón de la Ribera. Cada año con menos piedras y por la zona ocupada por el Caballa casi peor, cada vez más destrozado.
Pero la Gran Via va genial.