Doy por buena la transformación del sol. Doy por bueno el misterio de la luz y su equivalencia. Doy por buena la necesidad, ¿pero un niño español y con escuela?
“ A ver niño, ¿quiénes son tus padres? ¿de dónde viniste? ¿quién te enseñó el lenguaje?” “No lo sé. Vivo solo, en el monte, desde que abrí los ojos”- dijo el niño,.
Permanecía a mi lado, agazapado, demostrando gran atención, con los ojos despiertos. A pesar de su corta edad, parecía impregnarse de todas mis vivencias, sabedor de que algún día le serían útiles. Di en llamarle Zénit, por haber nacido en la montaña, con la única compañía del sol.
Pero, ¿y yo, qué hago aquí, desmenuzando mis experiencias? Dí en luchar contra la apatía de una vida sin causa, y ahora soy un afamado guerrero. Recorrí las tierras sin apenas alforjas, y me acompañé de amigos, cuyos nombres afloran. Participé en las guerras, en las filas del Alma, y juré con sangre cuidar mi estirpe. No quiero descuidos en la virtud, ni pecados en la sombra; no siempre se sabe de dónde viene el dolor, por eso es bueno conocer los extremos de tu historia.
Cada día me hago mayor bajo el árbol de la ciencia. Cien pasos me separan del arroyo cristalino. Cien páginas me separan del buen escribir. Es la memoria aquello que nos hace avanzar. Así la memoria como la sed, pero prometo no moverme hasta culminar mi relato. La imagen del maestro y el niño tendrá asiento en las leyendas de estos espacios.
Pero paciencia: pasan lentos los años como pasan lentas las frases en los días grises. En el confín de mi encierro quisiera acordarme de las palabras señeras, quisiera la intensidad cerca, y así cultivar un universo nuevo, donde la esperanza no tenga porqué morir y tenga éxito mi pueblo.
También es bueno conocer los extremos para evitar los litigios. Pero una vez se presentan, tu voz ha de permanecer valiente, hasta el final del conflicto.
Muchas cosas aprenderían el uno del otro. Uno enseña a mirar, a descubrir el mundo de las almas. El niño enseña humildad, tal era su amor por las palabras.
Pero ¿dónde situar el principio para que se iluminen mejor los caminos?: ¿Allí donde el niño acude a la enseñanza y el pastor vigila su reposo? ¿Allí donde el viejo es proclive al invento? ¿Allí donde mueren las aguas del resentimiento? ¿O allí donde nace el libro de los sueños?






