Llevamos meses de campaña electoral oficiosa. Meses de visitas a barriadas, envío de comunicadas y críticas compulsivas. Fíjense que hay días en los que un mismo partido llega a enviar hasta cinco comunicados de prensa. Fíjense que hay ocasiones -demasiadas, lamentablemente- en que se denuncia la primera ‘parida’ que se le ocurre al candidato de turno que, con tal de buscar un hueco en los medios, emborrona el papel con la primera queja que pasa por su cabeza.
Este es el nivel de precamapaña que nos estamos encontrando. Nunca antes se vivieron momentos tan al límite. Nunca antes la búsqueda del hueco político había reunido a tal cantidad de figuras carentes de carisma y peso político. El resultado lo vemos día a día. En esta auténtica guerra por el 24M nos topamos con actitudes que están poniendo en riesgo que la ciudadanía acuda a votar esa jornada. La soberbia que anida entre sectores del PP les puede terminar pasando factura. Esa soberbia les ha convertido en un partido pasivo incapaz de replicar a denuncias de peso. Es como si carecieran de importancia. Con la que está cayendo, ese chip no funciona, más bien es el causante de auténticos desastres. A la soberbia le da paso una imprudencia enfermiza anidada en el seno del PSOE. Parece que alguien habría tocado con la varita mágica la sede de Dáoiz para transformarla en el fiel reflejo de la torpeza. Son los únicos capaces de autoproclamarse ganadores e incluso distribuir unos panfletos horrorosamente diseñados en los que los principales números de la lista se reparten ya las consejerías. Ya una no sabe si esa torpeza esconde un claro desprecio a la voluntad popular o es que la inutilidad carece de enmienda en este rincón de la supuesta izquierda. Y a caballo entre los unos y los otros deambula el proyecto Caballas, aún no asimilado entre buena parte de sus propios integrantes y todavía buscando la seña de identidad con la que tener arraigo. Con asuntos clave no se pronuncian o lo hacen a medias, su labor de oposición (de las más preparadas) queda mermada por los personalismos de quienes han dejado que enfrentamientos personales terminen invadiendo la orientación política de partido. Si ellos mismos arrastran aún ciertos complejos, nada podrá hacer el resto. Y entre unos y otros aparecen los pequeños que, en esta ocasión, no son tan pequeños. Más que nunca este 24M quedará marcado por la fuerza de marcas nacionales, por las sorpresas de partidos de nueva creación, por la guerra hasta el último voto.
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