Categorías: Colaboraciones

La guerra de nuestros días

Y a en otras ocasiones me he ocupado en este espacio de analizar o reflexionar sobre el fenómeno del yihadismo o del terrorismo islamista. Es un asunto que viene sin duda de lejos pero que también estoy convencido de que permanecerá, desgraciadamente, presente en nuestras vidas durante las próximas décadas.

Creo que debemos y podemos confiar en que todo el aparato del Estado, de todos los estados civilizados, está movilizado contra esta amenaza que ya es, y lo ha demostrado, un riesgo real para nuestra forma de vida en libertad. Las últimas detenciones de esta semana en nuestra ciudad prueban la eficacia de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad. Es obligado el reconocimiento permanente y la gratitud continuada por su impagable labor.
El terrorismo yihadista es de hecho la principal amenaza a la seguridad y a la libertad de los países Occidentales, de la Unión Europea y de España. La instauración de un Califato en territorio de Siria e Irak, bajo el control de la organización terrorista Estado Islámico, organización terrorista brutal y sanguinaria, así como los últimos atentados cometidos en diversos países europeos, suponen una escalada de esta amenaza que ha llevado a la mayoría de nuestros socios, también a España, a incrementar el nivel de alerta ante la posibilidad de atentados terroristas.
Los países democráticos tenemos que dar una respuesta adecuada a esta amenaza, una respuesta que nos permita no solo garantizar la seguridad de nuestras sociedades sino también defender los principios que están en la base de nuestra convivencia y que esta nueva forma de totalitarismo pretende destruir. Es evidente que frente a esta amenaza global ningún país puede dar una respuesta únicamente nacional y que por tanto la estrategia que nos permita derrotar a este terrorismo debe ser común no solo para la Unión Europea sino, en lo posible, desde el conjunto de la comunidad internacional.
No estamos en todo caso ante una amenaza nueva. Los atentados de 11 de septiembre de 2001 en Nueva York, de 11 de marzo de 2004 en Madrid y de 7 de julio de 2005 en Londres, planeados y perpetrados por la organización terrorista Al Qaeda, fueron el detonante de una nueva oleada terrorista protagonizada por esta ideología totalitaria que utiliza una sesgada y absurda interpretación radical de la religión islámica como sustrato ideológico para movilizar a la comunidad musulmana en su lucha contra Occidente. Desde entonces la amenaza terrorista yihadista ha sido una prioridad en la agenda de prácticamente todos los gobiernos occidentales.
Es una amenaza real, grave, global y persistente en el tiempo. Una amenaza que hoy es especialmente intensa en Europa. España, como miembro de la coalición internacional contra el terrorismo, con tropas desplegadas en distintos escenarios de conflicto, ha sido declarada como objetivo terrorista, aunque la intensidad de las amenazas sea menor que en el caso de otros países como Estados Unidos, Francia o Reino Unido. Nuestro país sin embargo es considerado como territorio susceptible de ser integrado en el Califato lo que supone una especificad en Europa. Y esto nos toca muy de cerca: Ceuta, y también Melilla, se ha convertido en un punto caliente en cuanto a la pretensión de los radicales de captar a potenciales combatientes terroristas para ser enviados a escenarios de conflicto, principalmente Siria e Irak.
Resulta esencial desarrollar una estrategia y una acción eficaz que cercene a esta organización terrorista el potencial económico y estratégico que le otorga dominar este territorio y garantice la estabilidad de Siria e Irak. Una estrategia antiterrorista basada únicamente en la protección de las fronteras o la seguridad interior de nuestro propio territorio está condenada al fracaso. Esa estrategia debe pasar a mi juicio por implicar a todos los países árabes de la zona, sea cual sea su confesión, sunnita o chií, en la lucha contra la barbarie.
En un orden interno es fundamental reforzar las capacidades legales y también potenciar los medios de inteligencia para hacer frente a esta amenaza. En este sentido, el pacto antiterrorista suscrito entre el PSOE y PP y las reformas legales auspiciadas por el mismo van en la buena dirección para dar una respuesta adecuada. Ahora son necesarios planes específicos para dotar a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad de las capacidades adecuadas a la gravedad de la amenaza. La buena coordinación y colaboración entre los diferentes Cuerpos y Servicios de información es otra clave del éxito de esta batalla.
Es fundamental reforzar la cooperación policial internacional ante una amenaza que es global. Esta cooperación debe pasar por una estrategia común en el marco de la Unión Europea. Pero es también muy relevante el papel a desempeñar por Interpol en el intercambio de información y la elaboración de bases de datos de potenciales combatientes a escala mundial. Ningún reparo supuestamente basado en la protección de la privacidad o de los datos personales puede prevalecer ante la imperiosa necesidad de combatir eficazmente el terror. De igual manera es fundamental abordar el frente educativo: formemos ciudadanos convencidos de la importancia de la convivencia, de la tolerancia con el diferente y de la paz como elementos fundamentales de la libertad. Combatamos en las escuelas a los radicales con las armas del saber. Impliquemos a las comunidades musulmanas en la lucha: los yihadistas son profundamente antiislamicos y deben ser rechazados en esas comunidades desde el comienzo de su radicalización. Finalmente, es esencial mantener la cooperación con los países musulmanes que en muchas ocasiones son objetivo prioritario de estas organizaciones terroristas. Para España es esencial mantener una buena cooperación con los países del Norte de África y de forma singular con nuestro vecino Marruecos, país con el que mantenemos ahora una excelente colaboración en este ámbito.
A largo plazo será crítico el éxito de las medidas de lucha contra la radicalización. Y que desarrollemos adecuadamente y con prontitud la estrategia que con ese fin ha diseñado el Ministerio del Interior. En España se observa hasta la fecha un menor grado de radicalización de la población musulmana que en otros países de Europa, como lo pone de manifiesto la menor salida de combatientes terroristas a escenarios de conflicto desde nuestro país, pero lo fundamental será el éxito de la integración de las generaciones futuras.
En definitiva, aunque España sufre la amenaza del terrorismo yihadista como cualquier otro país europeo y tiene incluso algunos factores de riesgo específicos, no somos (ni España ni mucho menos Ceuta) el foco de expansión en Europa de esta lacra terrorista. La intensidad de esa amenaza es menor que la de algunos de esos socios y la respuesta de nuestro Gobierno está siendo adecuada.
Necesitamos perseverar en ese camino.

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