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La “gloria” de morir en la Legión

El sol es de justicia. Siete unidades desfilan ante la máxima autoridad presente, el coronel jefe Alfonso García-Vaquero Pradal, y la megafonía informa de que el objetivo de la parada militar consiste en conmemorar a los que cayeron “vistiendo el glorioso uniforme de la Legión”, una fuerza que nació en 1920 tras varios fracasos coloniales españoles en el norte de África. Había que crear un cuerpo de soldados profesionales, no de reemplazo, capaz de luchar en la dureza de ese continente, y la Legión fue el resultado. Así nació un cuerpo que a lo largo de su historia ha tenido tiempo para luchar en el Rif, aplastar la Revolución de Asturias, contribuir a la victoria del lado sublevado durante la Guerra Civil, defender el que fue Sáhara español y, ya en democracia, participar en misiones de paz en Bosnia, Albania, Kósovo, Macedonia, Irak, Afganistán, Congo y Líbano.

Tras varios gritos para que se cuadren, muestren sus armas, recarguen y varios movimientos que siguen un orden escrupuloso, pero difícil de adivinar para los ojos inexpertos, el coronel jefe hace entrada en el patio de armas ceutí para pasar revista a la fuerza. Al paso de su superior y con una sincronización digna de un reloj suizo, los legionarios se cuadran con firmeza. Luego, al terminar la ronda, García-Vaquero toma la palabra y  recuerda a  los presentes la historia de la cita.

“Corrían los años veinte”, arranca el alto mando para acabar contando cómo se dedicaban los sábados para “pasar revista”y “honrar a los caídos”. Poco a poco, explica, la jornada se convirtió en una “tradición” que sigue viva en estos días.

Algunos de sus hombres habían desfilado el 12 de octubre, Día de la Hispanidad, en Madrid. Al coronel jefe le gustó lo que vio allí. Por eso, agradece a sus subordinados el esfuerzo y les elogia por “seguir una línea de esfuerzo, entrega y dedicación”.  No todo son buenas noticias. De las palmadas en la espalda pasa al reproche. Reprimenda militar. “Ha sido muy triste despedir a un compañero por conducir sin carné”, lamenta mientras rememora cómo un subalterno quebró la línea de la disciplina y tuvo que decir adiós a su trabajo.

Antes de terminar, García-Vaquero felicita a los ”legionarios del mes”: Iván Pareja y Cristóbal Ruiz. El fin del discurso da paso al “acto de honor a los que dieron su vida por España” y en el que el capellán eleva una oración. Después, los legionarios prosiguen con sus cánticos en los que recuerdan a aquel compañero “tan audaz y temerario” que acabó siendo “novio de la muerte” y enlos que predican que su “destino tan solo es sufrir”.  Y cuando todo se acerca a su fin, en una jornada en la que el cabo primero Rani Baldeu pasó a la reserva tras 25 años en la tropa,  vuelven a desfilar todos a gran velocidad mientras emprenden la salida del recinto. Hasta la cabra, con un chapiri en la cabeza.

L. Ansorena / ceuta“¡Legionarios a luchar! ¡Legionarios a morir!”. Es Sábado Legionario, un día para “recordar a los que dieron su vida por España”, y cerca de 500 legionarios del Tercio Duque de Alba cantan a todo pulmón en el acuartelamiento ceutí García Aldave. Tras 90 años de historia, desde que el rey Alfonso XIII creó esta fuerza militar, cerca de 10.000 de sus integrantes han muerto  y 36.000 han sufrido lesiones. Aun así, sus combatientes del siglo XXI no parecen tener miedo durante un acto que se celebró ayer. Desfilan ante las autoridades, mantienen el paso con fuerza, sacan pecho con fuerza, exhiben una sincronización sorprendente y entonan melodías que aseguran que “es gran gloria morir por España”. Y, de forma machacona, corean vivas a su país, al Rey y a la Legión.El sol es de justicia. Siete unidades desfilan ante la máxima autoridad presente, el coronel jefe Alfonso García-Vaquero Pradal, y la megafonía informa de que el objetivo de la parada militar consiste en conmemorar a los que cayeron “vistiendo el glorioso uniforme de la Legión”, una fuerza que nació en 1920 tras varios fracasos coloniales españoles en el norte de África. Había que crear un cuerpo de soldados profesionales, no de reemplazo, capaz de luchar en la dureza de ese continente, y la Legión fue el resultado. Así nació un cuerpo que a lo largo de su historia ha tenido tiempo para luchar en el Rif, aplastar la Revolución de Asturias, contribuir a la victoria del lado sublevado durante la Guerra Civil, defender el que fue Sáhara español y, ya en democracia, participar en misiones de paz en Bosnia, Albania, Kósovo, Macedonia, Irak, Afganistán, Congo y Líbano. Tras varios gritos para que se cuadren, muestren sus armas, recarguen y varios movimientos que siguen un orden escrupuloso, pero difícil de adivinar para los ojos inexpertos, el coronel jefe hace entrada en el patio de armas ceutí para pasar revista a la fuerza. Al paso de su superior y con una sincronización digna de un reloj suizo, los legionarios se cuadran con firmeza. Luego, al terminar la ronda, García-Vaquero toma la palabra y  recuerda a  los presentes la historia de la cita. “Corrían los años veinte”, arranca el alto mando para acabar contando cómo se dedicaban los sábados para “pasar revista”y “honrar a los caídos”. Poco a poco, explica, la jornada se convirtió en una “tradición” que sigue viva en estos días. Algunos de sus hombres habían desfilado el 12 de octubre, Día de la Hispanidad, en Madrid. Al coronel jefe le gustó lo que vio allí. Por eso, agradece a sus subordinados el esfuerzo y les elogia por “seguir una línea de esfuerzo, entrega y dedicación”.  No todo son buenas noticias. De las palmadas en la espalda pasa al reproche. Reprimenda militar. “Ha sido muy triste despedir a un compañero por conducir sin carné”, lamenta mientras rememora cómo un subalterno quebró la línea de la disciplina y tuvo que decir adiós a su trabajo. Antes de terminar, García-Vaquero felicita a los ”legionarios del mes”: Iván Pareja y Cristóbal Ruiz. El fin del discurso da paso al “acto de honor a los que dieron su vida por España” y en el que el capellán eleva una oración. Después, los legionarios prosiguen con sus cánticos en los que recuerdan a aquel compañero “tan audaz y temerario” que acabó siendo “novio de la muerte” y enlos que predican que su “destino tan solo es sufrir”.  Y cuando todo se acerca a su fin, en una jornada en la que el cabo primero Rani Baldeu pasó a la reserva tras 25 años en la tropa,  vuelven a desfilar todos a gran velocidad mientras emprenden la salida del recinto. Hasta la cabra, con un chapiri en la cabeza.

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