Categorías: Sociedad

La frontera, una línea sin geografías y con historias

Durante gran parte de su vida, Sihame Oulbarj ha cruzado una frontera cada vez que atravesaba el umbral de casa. En el interior, la lengua y la cultura árabes; fuera, el francés como lengua vehicular de su ciudad, Tournai, localidad belga pegada a la divisoria con Francia. Europa como ejemplo de la interiorización de fronteras, un maremágnum de lenguas bajo la marca de un mismo continente, cuyo reto es ahora la compartición de una identidad en detrimento de la exclusividad y la soberanía del Estado-nación.

Sobre lenguas, identidades e inclusión ha venido Ouljbar a investigar a Ceuta. Aunque su objeto de estudio se encuentra concentrado en los metros cuadrados del Centro de Estancia Temporal para inmigrantes (CETI), donde cumplirá dos meses trabajando el miércoles, su estudio real, explica Ouljbar, se extiendería a los 19 kilómetros cuadrados de la ciudad. “En Ceuta hay demasiados estímulos que analizar. A veces me distraen del propósito que me trajo”.
Antes de llegar al título de su tesis –‘El aprendizaje de la lengua española como herramienta de integración social’–,  Oulbarj se ha tenido que enfrentar con molinos académicos y con gigantes vitales. Cosas del camino. Pero al CETI llegó por vía digital, tras ver el reportaje que colgó en ‘youtube’ un grupo de periodistas franceses.  “A raíz de aquella investigación pude constatar lo que había experimentado durante mi vida, la importancia de la lengua oriunda como modo de inclusión”.
Antes, esta licenciada en Lingüística, Literatura Inglesa y Española había tenido un contacto decisivo con Ceuta, argumento de peso a la hora de elegir los asuntos de sus tesis. Porque hubo una primera tentativa de investigación, producto de la experiencia de numerosos viajes desde su Bélgica natal a su Marruecos vernácula. Y el cruce del Estrecho, desde Algeciras a Ceuta. “Recuerdo las Murallas Reales y las gasolineras. En la aduana, el trato de los policías no era el mejor esperado. En Bélgica no lo había visto jamás al menos. Me propuse aprender español para ayudar a mi padre con la traducción”.  
De aquellas fricciones entre las autoridades y los ciudadanos en los lugares fronterizos nació la primera idea de su tesina. “Mi intención era hacer un estudio de la comunicación entre policías e inmigrantes en los puestos aduaneros”. Claro que habrá demasiado que ocultar en estos lugares porque todo fueron trabas para esta investigadora belga. “En la embajada de España, cuando fui a preguntar por asesoramiento se mostraron muy extrañados. ‘Pero si eso no se ha hecho nunca’, me dijeron y yo no sabía cómo explicarle que precisamente en eso consisten las investigaciones académicas”.
La academia de Oulbarj es ahora el CETI. Se encuentra en el proceso de la recolección de información. La labor de interpretación y traducción es alternada con la recopilación de notas, en una especie de diario de campo en periodo de inmersión antropológica.  Aun con poco tiempo escrutando las rutinas del CETI, Oulbarj ofrece ya algunas lecturas. “Parto del principio de que si estamos en España el inmigrante debe aprender español. Esa es para mí la base de la integración”.
Sea presupuesto o prejuicio, el criterio de la investigadora Oulbarj  está inevitablemente asociado a su experiencia. “He sido constante y me he sacrificado por aprender el francés. Se lo digo a los residentes del CETI, yo también soy hija de inmigrantes y he tenido que enfrentarme a sus mismos problemas de integración”. Como mujer, creyente, hija de inmigrantes y europea, Oulbarj ha sido marroquí en Bélgica y belga en la Marruecos de sus padres. Lo dicho, una mujer en la frontera y de identidad  incierta. Y Ceuta como destino.

 

Las relaciones internacionales desde El Morro

Vecina de El Morro, Sihame Oulbarj permaneció unos días en Tetuán antes de instalarse definitivamente en Ceuta. “Aceleré la venida. A Marruecos la llevo en el corazón”. Se sobreentiende el resto. Amante de las lenguas, Oulbarj se cansó de la teoría académica para volcarse en la práctica. Esa es la causa por la que está en Ceuta. La ciencia, mejor si es aplicada. Ahora le interesan las relaciones internacionales. Si fuera por el número de países representados en el CETI, su estudio constituiría el mejor máster. “La mejor academia es la de la vida”, menciona el lugar común para referirse a la (no) educación formal de su padre. Hasta febrero tendrá tiempo para valorar las relaciones comunicativas entre los residentes del centro, aunque antes se ha quedado perpleja por los medios y las oportunidades de las que disponen los residentes del CETI. “Que tengan ocasión de poder acceder a estudios universitarios es un lujo”.

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