Cualquier pregunta que se haga en torno a la frontera carece de explicación. Nadie hoy por hoy puede razonar sobre los orígenes del conflicto que allí se genera a diario. Los ciudadanos soportan un mal trato continuado sin que la administración de uno y otro lado sepan cómo actuar. La clase política se aferra a la futura ampliación sin saber a ciencia cierta cómo solucionar el presente, que es el que ahora nos importa.
La generación de las colas la hemos transformado en algo normal. La falta de entendimiento a uno y otro lado es asombrosa, parece más la ejemplificación de un juego de niños, basado en el ‘si ahora me fastidias tú, en dos horas lo haré yo’. Y de esta manera nos encontramos con situaciones difíciles de entender: cómo miles de familias ceutíes no pueden entrar en nuestra ciudad procedentes de Marruecos viéndose obligadas a permanecer más de cuatro horas en la cola. Después, cuando se les permite el paso, se topan con una frontera despejada, sin tráfico.
A la inversa se produce similar situación. La salida a Marruecos es ralentizada, se impide sacar hasta productos destinados al hogar, se entiende ya como ‘normal’ el veto de cualquier mercancía aunque eso suponga un maltrato consentido hacia el comprador. Es evidente que no se pueden permitir las cargas de bultos hasta desfigurar a las porteadoras/es, pero ¿es aplicable este extremo a todo? Parece que sí desde el momento en que se impide la salida de bolsas o se da orden de retener a los compradores hasta la generación de micro-avalanchas.
En el Tarajal ocurre de todo, discriminaciones, burla a los derechos de todos, pero, más aún, lo que impera es una falta de criterio que asusta. Realmente, y esto es lo grave, nadie sabe cómo actuar más allá de aplicar pequeños parcheos. A diario se producen pequeñas avalanchas en el intento de entrada por la propia frontera, en donde son mezclados trabajadores transfronterizos regularizados con porteadores. Otros ciudadanos que intentan sortear el paso terminan desistiendo hasta el punto de generar una problemática de dimensiones considerables.
No por hablar menos de la frontera significa desgraciadamente que funcione mejor. Más bien al contrario, se escribe una auténtica guerra diaria con los mimbres de un desastre de gestión que ya nos está haciendo demasiado daño. A todos.
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