El pasado fin de semana, la Comandancia General organizó una exhibición pública de varias de sus unidades con el objetivo de reforzar aún más la vinculación del Ejército con la sociedad. A la explanada se llevaron las unidades caninas, las de detección de explosivos, los tanques, el armamento... Y así durante tres días, con izado inaugural de la Bandera y paseo por la zona de las autoridades.
De la hilera de fotografías que se han publicado por la celebración del Día de las Fuerzas Armadas (que se ha dado por capítulos dada la cantidad de actos programados este año), me quedo con una: la de un crío que, ayudado de un militar, intenta sostener una de las pesadas armas que se utilizan en el ámbito castrense. Detrás, Vivas sonriendo. A su lado, Rocío Salcedo, una de las hasta ahora responsables de Educación en la Ciudad, siguiéndole la gracia. Y más miembros de la clase política contemplando al niño arma en mano cómo atiende a las instrucciones del militar. La fotografía no fue aislada. Ese mismo instante se repitió hasta la saciedad con otros niños, convirtiéndose en algo lúdico lo que nunca debe ser abordado como tal. Lo mismo sucedía con la detección de explosivos, con la entrada en los tanques... con más escenas que nunca deberían haber pasado el corte de lo permitido. Pero lo hicieron. Y lo hicieron superando todos los filtros habidos y por haber. El de la Comandancia General, primero. Quizá habituados a esas escenas no midieron bien lo que suponía poner en mano de críos ese material. El de los responsables políticos, después. Situados en un segundo plano pero presentes ante lo que estaba pasando no tuvieron mayor reacción que sonreir a cada una de las ocurrencias de niños, en algunos casos bastante pequeños, que veían con asombro cómo se les dejaba sostener armamento pesado y cómo, encima, se les sonreía aprobando ese paso. Las firmes defensoras del niño, de la educación, de tantos y tantos mensajes que parecen servir solo para ser difundidos en campañas mediáticas, fueron incapaces de ver más allá. Y los padres, muchos padres que confunden la defensa de la españolidad, el amor al Ejército... ese mensaje de ‘nuestra patria’ con dejar que su hijo pose con armas aunque luego se pierda el tiempo asimilando las leyendas de los videojuegos para no comprarles los de contenidos no aptos para su edad. ¿A qué estamos jugando entonces?





