Me tumbé sobre la hierba, y sin embargo, dejé escapar mi imaginación. Una voz dijo: “Si buscas paz, encontrarás paz; si buscas guerra, encontrarás guerra; si buscas justicia, encontrarás un camino; paz sólo hay una; ¿es la guerra necesaria? De todas las razones que configuran la estirpe de los pensamientos, hay una que llama mi atención de forma duradera por su riqueza: la paz mundial.
Hablando de enriquecimiento: ¿qué forma de vida ofrece más posibilidades como factor de desarrollo; la paz o la guerra? Este enigma requiere una respuesta difícil e imaginativa, ya que la humanidad, a pesar de su añada, apenas ha contemplado la paz en su esplendor.
Lo que sí es seguro es que el único camino que lleva a la paz es el convencimiento. Desoigo así a los apóstoles del “bofetón”, en absoluto recomendable. Y para convencer primero hay que autoconvencerse, si no todo acabará en un malentendido. Hay que acudir a la enseñanza que dejaron los tiempos, aprender de los errores, y en algo parecido a la paz espiritual, esbozar los vértices de la teoría final: “La vida es la lucha del hombre contra la naturaleza infernal”. Todo lo de más es complicarse la vida (de ahí mi dolor).
No me gusta utilizar este argumento, pero sólo cuando ocurre una desgracia imprevista y manifiesta, como un terremoto o una inundación, se nos empequeñecen los ojos, se humedece la voz, y con las manos temblorosas acudimos a socorrer a nuestros hermanos, los semejantes, nuestra misma especie. Pero una vez adecentada la situación el hielo vuelve a las manos. Entonces, ¿por qué no damos por desastre humanitario la infelicidad que asola a tres cuartas partes de la población mundial?
Las generaciones que vienen por abajo lo agradecerían, y el simple hecho de participar en algo justo aumentaría la moral hasta límites insospechados. Es mi fe: la paz traerá contento, y en el par de la letra el hombre escribirá su destino; es así el don de la libertad. La sonrisa del niño agradecido será la foto que ilustre la portada del libro, cuyo número se parece al infinito. Quiso Dios que los elementos de la naturaleza fueran temidos, y que la riqueza y los recursos fueran escasos, pero al tiempo, nos dotó de la inteligencia necesaria para hacer frente a lo desconocido. La comunión de los pueblos aparece como el único punto de apoyo, como la filosofía que nos devolverá al reino de las estrellas, a la velocidad de la luz.
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