Eso de que los políticos echen mano de la españolidad para justificar lo que quieren y cuando quieren siempre me ha cabreado. Sencillamente porque quienes se muestran incapaces de gestionar adecuadamente este país tampoco pueden ir dando lecciones de golpes en el pecho y demás películas que, si bien llegaban a las generaciones más antiguas, a las de ahora no nos convence. ¿Españolidad en un país en el que sus gobernantes te dicen que mejor te vayas a otro a trabajar para dejar de ser un golfo rompepatrias? Suena a chufla.
Ayer el diputado de la estampida que tanta gracia hizo a los colegas populares dio una rueda de prensa para, entre otros asuntos, decir que a la tele pública hay que mantenerla porque es necesaria para “transmitir valores de españolidad”. Mire, por ahí como que no. A la tele pública se le puede defender por otras razones pero precisamente porque es clave en esa defensa de la españolidad resulta ya insultante. ¿Se creerán los políticos que estamos pollardas? De verdad, entre unos y otros están para ponerlos sentados a un mesa haciendo encajes de bolillos a ver si aprenden algo. ¿Lecciones de qué españolidad nos va a dar quien?, ¿los que pactan bajo manga con los gibraltareños o los que siguen experimentando orgasmos cuando ven a Josemari hablando de Perejil? Por favor.
Casi prefiero seguir oyendo a unos y otros afilarse las uñas con la obra de La Marina o jugar a interpretar los curiosos silencios de algunos para encontrar el origen. Resulta divertido vincular las querencias personales con el tono de exaltación de cara a la galería.
Hace tiempo que la acción política cayó en un desengaño absoluto para una ciudadanía condenada a soportar presiones por errores de otros, condenada a ser insultada, recortada y aplastada por un sistema reventado por incapaces y mentirosos. Viviendo en una maraña de mentiras nos podemos creer casi todo, pero no nos consideren tontos por favor y defiendan la españolidad donde deben, en los foros adecuados sin estampidas, ni bufidos ni ganas de loca diversión ante un auditorio que tiene mucho más por conocer, escuchar y creer.





