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La ‘diáspora’ negra

Por Redacción
08/12/2013 - 11:49
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Samuel es el último inmigrante en engordar la ya larga lista de subsaharianos que han encontrado en la  frontera un punto y a parte en sus vidas. El camerunés espera recuperarse, tendrá que aprender a vivir sin uno de sus ojos, a salir adelante como otros compatriotas ya lo han hecho. La frontera esconde muchas historias que tienen algo en común: la desgracia de quienes se han visto forzados a cruzarla y mantienen en sus cuerpos la marca de aquel momento.
El ministro de Interior, Jorge Fernández Díaz, y el propio presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, insisten, en plena polémica por la existencia de concertinas, en que son solo elementos disuasorios. Optan por evitar lo que la historia migratoria de Ceuta no esconde. Año 2005, subsaharianos muertos bien por tiros por la espalda nunca investigados para sentar a criminales en el banquillo, bien por las concertinas. Año 2009, Sambo Sadiako, desangrado en la alambrada. Para el portavoz del SUP y máximo dirigente en Ceuta, Jesús González Miaja, seguir manteniendo estos elementos es una auténtica “salvajada”. Sabe de lo que habla. A él le tocó servicio aquella madrugada de septiembre de 2005, cuando las alarmas sonaron ante la llegada de cientos de subsaharianos a la valla. González Miaja recuerda la muerte de aquel hombre, desangrado, que tuvo que ser rescatado por los Bomberos. Una imagen “dantesca” que todavía recuerda. Y no solo él, muchos de los agentes que aquella noche prestaron servicio y que todavía tienen en su mente la furia de aquellos subsaharianos intentando escapar del alambre de espinos y cuchillas. “El fin no justifica los medios, hay que buscar otros que sean menos lesivos”, apunta el sindicalista. “El hambre nadie lo para”, advierte, así que ese carácter disuasorio que el Gobierno pretende dar a las concertinas para mantenerlas parece más una pantomima. “No todo vale, hay que ser consecuente. Hay que poner más medios y eso es algo que compete a Europa”, señala el sindicalista que no duda en traer al debate la reciente doctrina Parot y su derogación por parte de los tribunales europeos. Sentencia que se ha aplicado con rapidez para sacar a criminales de la cárcel en base al respeto a los derechos humanos, algo que tarda en aplicarse en el caso de los inmigrantes. “Es una doble moral que sonroja. Los derechos humanos en función de si interesa o no a nuestro Gobierno se aplican. Si es para la entrada de inmigrantes, aunque todos los informes sean desfavorables, no se tienen en cuenta, pero si es para dejar a los terroristas y violadores en la calle... hay que aplicar la sentencia rápidamente. ¿Que las concertinas provocan erosiones leves? No por Dios, matan”, apunta.
Samuel cruzó por una zona donde esos alambres no estaban, pero otros compatriotas lo han hecho y hoy o están dispersos por Europa, en sus países de origen tras expedientes de expulsión, enterrados bajo tierra o arrastrando lesiones encontradas en el camino. El 14 de octubre de 1999, un subsahariano de tan solo 20 años, quedó paralítico al saltar la valla. Los guardias civiles que aquella noche estaban de servicio lo recogieron y trasladaron al Hospital con graves lesiones. Hoy reside en el sur peninsular, trabaja de zapatero e intenta salir adelante. La silla de ruedas es su compañera desde aquella madrugada.
Ese año fue fatídico en Ceuta. La Guardia Civil auxiliaba solo días después a otro inmigrante que sufría la amputación de uno de los dedos de la mano producto de esas erosiones leves que causan las concertinas. Semanas después un joven zaireño de 18 años se quemaba a lo bonzo delante de dos agentes de la Benemérita al temer que estos fueran a expulsarlos. Salvó la vida, pero hoy arrastra como recuerdos varias quemaduras repartidas por el cuerpo. Son hombres anónimos protagonistas de una diáspora negra que no termina. Entre el 1 de enero y el 16 de septiembre, según los servicios de salvamento marítimo, 1.396 personas fueron socorridas cuando trataban de llegar a las costas españolas en embarcaciones. En ese mismo periodo la Benemérita ha registrado diez intentos de entradas masivas por la frontera, protagonizados por más de un centenar de inmigrantes.

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