Categorías: Opinión

La desesperación

No soplan vientos propicios para la salud del Estado. Entre los secesionistas, los terroristas entonando victoria, los juzgados henchidos con los casos de corrupción, y la Jefatura que pasa más tiempo en quirófano que en el despacho; el Estado corre serio peligro de no ser garante de la calidad de vida de los ciudadanos. De hecho, ya no lo es. Se ha convertido en un voraz tragantón de dinero, saqueador de los bolsillos del exiguo y machacado ciudadano medio, experto vapuleador inmisericorde las nóminas de los trabajadores públicos, que no es capaz de avalar un sistema de igualdad de oportunidades, justificándolo todo por construir un sistema socialista de prebendas graciables. Todavía no nos hemos dado cuenta de que la mejor ayuda social que puede recibir un ciudadano es la posibilidad de encontrar un trabajo, no un subsidio.
Los partidos políticos están rozando el límite de su existencia como cauce de representación de los ciudadanos. El divorcio, mal avenido, entre los políticos y aquellos a los que dicen representar, se ha transformado en una ruptura social violenta, en la que político es, con más frecuencia de la que podríamos tolerar, sinónimo de sinvergüenza.
Los principales sindicatos se han mostrado como execrables conniventes y maestros sin par de los más deleznables representantes democráticos, que más que en foros parlamentarios deberían estar en los patios de las prisiones.
En este entorno, propicio para la desesperación, abonado para la aparición de actitudes salvíficas, es donde pescan personajes sin escrúpulos vendiendo su falsa supremacía.
En Ceuta hemos sufrido este tipo de comediantes varias veces a los largo de la democracia.
La aparición de condenados por prevaricación, amigos de los atajos, el estrellato y la buena vida a costa del erario ajeno; es un disparate que ahora aventura al socialismo a un naufragio y desmoralización mayor de la que sufre actualmente.
El Partido Socialista no merece ser identificado con prevaricadores. Bastante ha purgado con ex-ministros encarcelados, en una época en la que en España se enterraba a la gente con cal viva y al Jefe del Gobierno no se le llamaba Caudillo, sino “El señor X”. Cuando los fantasmas, ahora reaparecidos, jugaban al “ahora te veo, ahora no te veo”, según se pisara dolorido acerado a pie, o alfombra roja con coche oficial incluido.
Al socialismo hace tiempo que le abandonó la intelectualidad, de forma voluntaria y obligada. Aquí en Ceuta se han vivido auténticas purgas de personas de valía incalculable, en los ámbitos políticos, intelectuales y humanos, que han dejado, no solo al PSOE, en raquitismo público que subsiste gracias a la torpeza política de sus adversarios.
La desesperación de la izquierda no debería arrojarla en brazos de cadáveres sin escrúpulos que lo único que pretenden es satisfacer sus más intestinas pasiones de odio y venganza, a la vez que mitigan el ímpetu de su insaciable egolatría.

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