Se puede estar a favor o en contra de una obra, de un proyecto político, de un modelo de gestión. Se puede criticar la actuación comprometida por el Gobierno (que no olvidemos, es el que marca las pautas por mera representatividad... ya tendrá su tiempo la oposición si logra el respaldo de los ceutíes), pero si se hace, cuando menos debe estar basada en fundamentos serios. Echar mano de la demagogia es lo más fácil, y eso es lo que se está haciendo con el proyecto de remodelación de La Marina. Chirrían las voces que hablan de que el Gobierno de Vivas sólo invierte en el centro, chirrían las mismas voces que pretenden convertir esto en una batalla entre vencedores y vencidos, entre ricos y pobres, entre bendecidos y olvidados. Eso, sencillamente, ya no se lleva.
Los datos son irrefutables: el 86% de las inversiones en el trienio 2013-15 se destinará a los barrios. Eso es algo contable, que está cuantificado y registrado, aunque habrá quienes, por negar, podrán sacar eso de que son cifras inventadas. La renovación de La Marina supone el 14% de todo ese montante; pero, fíjense, ni aunque la comparativa en inversión es asombrosa, se sigue recurriendo al demagogo y falso mensaje de los ‘señoritos del centro’ frente a los ‘abandonados de la periferia’. Más datos. El 61% de la inversión que se va a hacer en La Marina es por orden judicial. Es decir, no es que a Vivas le dé por levantarse una mañana y pretender una inversión millonaria en el Paseo. No. Es que hay que acatar una sentencia que obliga a un gasto superior a los tres millones y que, de paso, se aprovecha para solventar lastres que se tenían: el tráfico, las estrechas aceras (¿qué dirán los que empujan carritos de bebé?), la pésima accesibilidad, las losetas... ¿Acatamos la sentencia pero no hacemos nada de esto? Si consideramos que esto es mostrar una buena gestión, es que estamos locos.
Caben críticas, claro que las caben, al proyecto; caben propuestas, ideas, mejoras, debates... todo es legítimo y aceptado por un Gobierno que siempre ha demostrado tener las puertas abiertas para reunirse con los ciudadanos. Lo que no caben son acusaciones sin fundamento, discursos basados en medias tintas, mensajes sin sentido o ataques viscerales porque sí, jugando con el ya manido mensaje de buenos y malos, pobres y ricos, queridos y odiados.
El portavoz del Gobierno, Emilio Carreira, habló ayer con claridad. Dijo las cosas tal y como son y planteó el debate en los términos realistas en los que debe producirse. ¿De quién es el Paseo de La Marina, de quién el Parque, de quién el Casino...? Es tan insensato defender que la obra que se va a llevar a cabo es para satisfacer los caprichos de los residentes del centro, como decir que la actuación que se hizo en su día en San Amaro era para los vecinos de esa barriada o la construcción del futuro Parque de Santa Catalina es para los residentes del Hacho.
En la gestión política los hay que están para poner en marcha un modelo de ciudad, trabajando por ella con riesgo a equivocarse pero trabajando. Los hay, por desgracia, que solo se mueven por la crítica, la destrucción, la denuncia, la polémica. Cada uno con su careta, sin temor a equivocarnos.





