Categorías: Opinión

La cómoda oposición

Se avecinan tiempos de inestabilidad política. El resultado de las elecciones obliga a realizar pactos entre dos o más partidos. Hay que recordar que la última vez que se gobernó en España mediante pacto fue con CiU de los Pujol, y aunque aquellos años fueron de indudable bienandanza, ahora parece que trajo más prosperidad al clan familiar que al resto de ciudadanos.

La rivalidad pugilística que se ha gestado con perseverancia antes de las elecciones, y desatado sin pudor en plena campaña electoral, evidencia la escasa talla e incapacidad manifiesta de determinados actores políticos a la hora de asumir roles parlamentarios, que por el bien de España, si es que este concepto entra dentro de sus ambiciosos planes personalistas, tendrán que ejercitar.
La prevalencia de beneficios particulares, como puede ser la persistencia en el cargo, o de provechos partidistas, como puede ser el alcanzar cuotas de poder para la subsistencia en el sistema democrático, harán que los verdaderos intereses de España acaben relegados a un segundo plano.
Cuesta imaginarse a Pedro Sánchez, el político, haciendo valer el interés general de los españoles por encima de su traje de socialista de salón reconvertido a panfletario. Pedro Sánchez en política es un oxímoron, es ir a una manifestación por los derechos de los trabajadores con un pañuelo de Louis Vuitton, mientras solamente está pensando en su interés personal por ser presidente de España.
A no ser que el Felipe VI pierda la cabeza, los populares tendrán la obligación de intentar formar gobierno, y no las tienen todas consigo.
Un gobierno de perdedores es posible, un renovado frentepopulismo 80 años después es viable, y con la actual laxitud de la opinión pública existente, es más que factible. Nadie se ha ocupado de recordar a la izquierda española que los ciudadanos votamos para elegir quién queremos que nos gobierne, no quién queremos que no nos gobierne.
A tenor de los anuncios de campaña electoral y de lo vago, incompleto e inconexo de sus pasquines, que nunca llegaron a considerarse programas, lo único que persigue la actual izquierda española es odiar todo gesto que recuerde a los pseudoconservadores; y no es que estos lo hayan hecho rematadamente bien, pero cuando alguien apuesta por la quema completa del edificio, todos acabamos perdiendo.
Por un momento piense en esa amalgama de diputados y senadores electos entre los que se encuentran detenidos, y miembros de ETA que ahora se erigen como adalides de la regeneración democrática. Piensen en la posición económica y social que vivían hace unos días y compárenla con la de ahora vegetando a costa de la política ¿Cree usted que mirarán por los intereses generales de España?
Al PSOE se le ha acabado el tiempo de estar en la oposición cómoda, de mirarse continuamente al ombligo. Ahora deberá dirimir entre la supervivencia de Pedro Sánchez o la de España.

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