Los autores valoran la importancia de la contribución de las familias y el entorno
Entre los indicadores educativos, el fracaso escolar es el que más meninges desgasta entre los pedagogos, docentes y gestores de la enseñanza. Los resultados comparados no dejan el nivel medio español en un lugar privilegiado, incidencia aún más acusada en los casos ceutí y melillense. De ahí que sean las dos ciudades autónomas lugares en los que más se abunde en el asunto del fracaso escolar, es decir, el índice de jóvenes que abandonan la formación educativa sin haber logrado el título de enseñanza secundaria obligatoria.
Como contrapartida al fracaso escolar, los expertos utilizan el término ‘éxito escolar’, concepto que no se limita a los términos académicos, “que también, sino que se extiende a la integración social de los individuos”, explicó Santiago Ramírez, profesor del departamento de Psicología Educativa de la Universidad de Granada, que al referirse a ciudadanos que fueron ‘exitosos escolarmente’ a aquellos que, habiendo superado las asignaturas correspondientes a la formación obligatoria, son “competentes en el ámbito social o laboral”.
Profesor de la facultad de Educación y Humanidades, Ramírez, junto a Antonio García Guzmán y Christian Alexis Sánchez Núñez, acaban de firmar la autoría de un manual –‘El éxito escolar. ¿Cómo pueden contribuir las familias del alumnado?’–, editado por la Confederación Española de Asociaciones de Madres y Padres de Alumnos (Ceapa). La vocal de Ceuta, responsable de Formación de la asociación, Nuria Buscató, incidió en el concepto de fracaso, al que consideró con mayores implicaciones que las puramente académicas. Como el éxito, las consecuencias del fracaso pueden desembocar en aislamiento social o precariedad laboral.
En el libro editado por la Ceapa, sus autores exponen una serie de intervenciones destinadas a incluir la participación de las familias en el proceso educativo. “La responsabilidad del fracaso no debe recaer exclusivamente en el alumno”, dijo Ramírez, para quien el alcance del esfuerzo o el ritmo de trabajo está en gran medida sujeto no solo a la actitud del escolar sino al estado de todo su entorno: familia, amigos, barrio y sociedad en general. Para Ramírez, la sociedad ha eludido el cometido de la educación. Ahí está la raíz, según los expertos, de una gran parte del actual fracaso escolar. “La sociedad se ha modernizado: las mujeres han entrado en el mercado laboral, escasean las políticas de conciliación familiar...” De ahí el clamor por recupera una educación impartida por toda la ‘tribu’.
Una guía de la teoría a la práctica
La guía publicada por la Ceapa, ‘El éxito escolar. ¿Cómo pueden contribuir las familias del alumnado?’, incluye entre sus capítulos un recopilatorio que recoge los programas de acciones que se desarrollan de modo ordinario en los centros educativos. Entre ellos, destacan los mecanismos de refuerzo y apoyo (preferiblemente dentro del aula), con materiales y recursos adaptados y, en su caso, con profesorado de apoyo en las diferentes áreas curriculares; el establecimiento de diferentes niveles de profundización de los contenidos, atendiendo a las necesidades y demandas del alumnado; actividades o actuaciones destinadas a la prevención y detección de las dificultades de aprendizaje en las que colaboran los departamentos de orientación; adaptaciones no significativas del currículo (recursos, tiempo y organización), diferentes ritmos de aprendizaje y de evaluación.






