Es costumbre de algunos partidos buscar en los símbolos comunes una particular marca de la casa. Es decir, se adueñan de elementos visuales, pero también de conceptos hasta el punto de causar, confío en que lo hagan sin pretenderlo, enfrentamientos insanos. Rechazar su modo de proceder es etiquetado de radical o antiespañol, movidos en esa tendencia y en esos pensamientos del ‘o conmigo o sin nada’. Esta semana, con motivo de la celebración del Día de la Hispanidad, hemos visto cómo el Partido Popular se ha dedicado a repartir banderas de España, instando a los ceutíes a exhibirlas y colocarlas en sus balcones como defensa, querencia y amor por la Patria. Es una manera de hacer política, porque no olviden que con acciones de este tipo es lo que están haciendo: política. Uno puede compartirla o no, yo particularmente no lo hago, pero lo que no pueden hacer es pensar que el que no sigue sus pasos quiere menos a su país o siente menos apego a su bandera que el que se rodea de pulseras, pin o balconadas al uso.
Si el acto de repartir banderas lo hubiera hecho una asociación de vecinos o cualquier tipo de entidad sin vinculación política, hubiera quedado menos tendencioso que un gesto que nace de un partido concreto muy dado a adueñarse del sentimiento español, de los emblemas y hasta de las banderas, aunque guarde entre sus recuerdos el paso de impresentables personajes que no constituyen, de hecho, un orgullo para este país.
Yo soy más de gestos, soy más de hechos objetivos, de consecuencias de acciones políticas, de resultados de gestión. La bandera la puede exhibir uno o no sin tener que dárselas de más español que otro. Cuando un partido invierte sus gestos políticos en detalles de este tipo más parece un intento a la desesperada por seguir recogiendo votos basados en sensaciones y no en realidades.
Sentirse español no es sacar la bandera, no es practicar la simbología de la Rojigualda más que nadie. Sentirse español es hacer todo lo posible para que tu pueblo tenga lo que se merece, sea cuidado por unos gestores políticos adecuados que no le animen a trabajar lejos de su tierra porque en la que les vio nacer son incapaces de garantizarles un futuro estable, sin tensiones, sin miedos, sin críticas y sin tener vergüenza por gestos e intrahistorias de quienes lucían pulseras con esa bandera pero eran incapaces de entender siquiera lo que portaban. Prefiero que me ofrezcan tarros de dignidad que un ‘quedabien’ al uso.







Totalmente de acuerdo.
Unos con los lazos y otros con las banderas.
Cortinas de humo usadas por impresentables por tapar sus vergüenzas.
Estoy hasta el gorro de reyes, de himnos y de patriotismo barriobajero, de desfiles de opereta y de declaraciones grandilocuentes puestas en bandeja por los que obtienen prebendas de ello, aunque después lleven sus dineros a lugares exoticos defiscalizados.
Los que utilizan la bandera para réditos políticos es como si utilizarán a su propia madre conseguir algo ilizito, estoa del p.p. lo único que les interesa es seguir en el poder acuesta de lo que sea,