En varias ocasiones ha el caso ha estado en el juzgado de lo Penal, pero por diversos motivos ha vuelto a Instrucción.
La noche del 2 de marzo del año 2005 la vida de J.M.T., auxiliar de Policía en aquel entonces, cambió radicalmente. Cuatro individuos le propinaron una brutal paliza en el aparcamiento de la zona en la que residía utilizando navajas y palos. Sólo el grito de un viandante que paseaba a su perro logró disuadir a los agresores que dejaron al hombre literalmente destrozado y hundido. Hoy por hoy, cinco años y medio después, el caso sigue estancado entre los papeles del juzgado de Instrucción número tres, a pesar de que anteriormente han sido varias las veces que ha estado en el Penal para ser juzgado. Cada una de estas veces el juicio ha tenido que ser devuelto a Instrucción por diversos motivos. Este hecho no hace sino ahondar aún más en la herida psicológica de una persona que de la noche a la mañana pasó de ser un ciudadano normal a una persona con una “incapacidad permanente”, un hombre marcado por la tragedia.
Enumerar las secuelas físicas de este ex-auxiliar de Policía es casi imposible, pero sirva como ejemplo que recientemente ha tenido que ser operado en uno de sus ojos por los continuos desprendimientos de retina que sufre a consecuencia de la paliza. “Me golpearon con unos palos y, no contentos con eso, al terminar me clavaron uno en el ojo. Me reventaron el globo ocular y estuvieron a punto de tener que sacármelo”, narra, “me salvé de milagro. Esto es algo que no voy a olvidar nunca. Fueron a matarme”. Y no lo olvidará porque el dolor físico en el rostro continúa todavía y diariamente sigue tomando pastillas e incluso sometiéndose a un tratamiento psicológico. A estas secuelas físicas y mentales le acompañan las sociales, ya que por recomendación del equipo psicosocial tuvo que abandonar Ceuta. “Yo tuve que irme de la ciudad y mientras mis agresores están libres, tranquilos y ni siquiera han pasado un día en el calabozo”, explica molesto.
En la cabeza de la víctima hay muchas cuestiones todavía sin responder. “La Justicia sigue cruzada de brazos. No entiendo qué interés puede haber para que esto no salga adelante”, aclara y asegura que él reconoció a sus agresores desde un primero momento, de hecho “se les detuvo cuando todavía estaban manchados de sangre”. J.M.T. se queja de que “al cuarto acusado me lo hicieron reconocer por primera vez cuatro años después de la agresión. Éste llevaba una barba espesa ahora, pero aún así lo reconocí”, cuenta. “En el juzgado soy un número de unos tomos, pero en la vida real soy una persona y esto tienen que tenerlo en cuenta”, reclama. “Hasta ahora he confiado en la Justicia, pero me están dando mucho motivos para dejar de hacerlo”, lamenta.
Una sentencia reciente del juzgado de lo Social reconocía que lo que le ocurrió a él fue consecuencia de su trabajo como auxiliar de Policía. Esto ha hecho que el hombre recuerde que “Amgevicesa -la empresa para la que trabajaba- no me ha ayudado en nada, y la Ciudad tampoco”. Todo lo que ha pasado en estos más de cinco años ha sido costeado por él, desde los juicios hasta las cuestiones médicas. “Nadie me ha llamado siquiera para saber cómo estoy”, dice. El hombre denuncia que “la empresa está llena de irregularidades” y entre ellas nombra la cesión temporal de trabajadores e incluso el método de incorporación de los empleados. “Los procesos selectivos están amañados. Ahí todo el mundo entra por enchufe y por amiguismo. Lo sé porque yo mismo entré así. Tenía un conocido en la empresa y me pasaron las preguntas del examen que se realizó. Sé que muchos trabajadores de la empresa han entrado de esta forma”, denuncia. Con tono sarcástico aseguró que “quiero agradecer a la empresa y a la Ciudad todo su desinterés y que se hayan desentendidos. Seguro que a un perro lo habrían tratado mejor”. También es duro con la mutua sanitaria MAZ, “todavía no conozco sus instalaciones y sólo me han llamado para que les lleve unos informes. Como mutua de accidentes deja mucho que desear”. J.M.T. sólo espera un “resarcimiento moral” por todo lo ocurrido.
Una paliza que le cambió la vida
El ex-auxiliar de Policía recibió una brutal paliza por parte de cuatro individuos. Él se encargaba de conducir la furgoneta que recogía los vehículos inmovilizados por la Policía Local. Según cuenta, a los cuatro individuos se les habían retirado sus vehículos recientemente y lo pagaron con él. El hombre tuvo que abandonar Ceuta y padece unas secuelas físicas y psicológicas que nunca desaparecerán.
El tiempo le ha hecho perder la esperanza
La víctima de esta brutal paliza asegura estar perdiendo la confianza después de seis años sin evolución en el caso. Asegura que ha habido “contactos” por parte de terceras personas para llegar a un acuerdo y que se retirara la denuncia, pero lo ha rechazado. Igualmente denuncia que desde la Ciudad también le había “aconsejado” hace algunos años que “guardara silencio, pero yo seguiré diciendo lo que pienso”.
Le han dejado sólo en el camino
El hombre se emociona al agradecer de corazón a su familia toda la ayuda que le han prestado y que hayan estado a su lado siempre. Esta imagen contrasta con su opinión sobre Amgevicesa, la Ciudad, los sindicatos y la mutua MAZ, a los que reprocha que “nunca me han apoyado, ni se han interesado por mí”. En este tiempo no se ha sentido sólo porque su familia ha estado con él en el camino, pero los organismos públicos lo dejaron de lado.






