Cuando un militar fallece durante el servicio se abre una investigación interna para averiguar las causas. La muerte del legionario Kevin Parra Mejía, por un posible infarto de miocardio, requiere una investigación más exhaustiva al surgir rumores sobre la responsabilidad de segundas personas.
Tras un fallecimiento, es normal que el responsable de la investigación interna pida a los testigos no hacer declaraciones hasta que concluya. Es un procedimiento normal para preservar pruebas. El problema surge cuando esa indicación se extiende más allá de lo necesario o se usa para evitar que los ciudadanos conozcan las causas del fatal desenlace. Pues bien, esto último, lo considero un error porque la mejor forma de acabar con comentarios o rumores que dañen a La Legión es que los ciudadanos conozcan lo ocurrido con total transparencia.
En La Legión, como en otros cuerpos jerarquizados, existe una presión adicional cuando hay que declarar contra superiores. No es una impresión personal, es una vivencia que he vivido y padecido en muchas ocasiones, aunque nunca llegaré a entender esa cobardía. Decir la verdad, lo que has visto en un determinado momento o situación dignifica al profesional que lo hace y dignifica a la propia institución a la que pertenece.
Han aparecido en los medios de comunicación comentarios sobre una mala praxis sobre la valoración del estado del caballero legionario Kevin Parra Mejía -QED-, al interpretar erróneamente el mando responsable que Kevin trababa de escaquearse del ejercicio y el sobreesfuerzo le pudo costar la vida. Si estos comentarios o rumores fueran ciertos no deja en muy buen lugar al que no supo valorar el estado de Kevin y, aunque sin duda, no lo hizo intencionadamente, debe responder por esa negligencia.
Sinceramente espero y deseo que los testigos declaren sin presiones y sin temor, sobre todo, porque si un legionario está dispuesto a perder la vida en una batalla, no me entra en la cabeza que sea incapaz de decir la verdad y traicione los principios básicos de lealtad, compañerismo y arrojo que debe acompañar a todo legionario, sin olvidar que la Constitución Española reconoce la libertad de expresión, incluso para militares y, si hay delito, tienen obligación de denunciarlo.
Por otro lado, no debemos olvidar que mentir en un procedimiento como testigo es un delito y un delito mayor sería traicionar a Kevin y su familia con mentiras o medias verdades.
Que se conozca la verdad sobre la muerte del joven legionario Kevin Parra Mejía es el mejor y mayor homenaje y despedida que se le puede hacer a Kevin y su familia.
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